Publicidad

Portafolio.com.co

EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS

Recordar clave

Por favor, escriba la dirección de correo electrónico con la cual se registró.



Patrocinado por:
  • Opine
  • Imprimir
  • Enviar
  • Tamaño del texto

Anterior 13 de 83 en ColumnistasSiguiente

Rudolf Hommes

¿Por qué nadie vio que venía la crisis?

La pregunta que aparece como título de esta nota la hizo la Reina Isabel de Inglaterra y tiene a la mayoría de los economistas reconocidos, incluyendo a varios Premio Nobel, con la cara roja y el rabo entre las piernas. No tienen una respuesta adecuada a esa sencilla pregunta. La ciencia económica se encuentra ahora a la defensiva por haber ofrecido un futuro predecible, manejable, o por lo menos concebible.

La idea de que los precios del mercado son los correctos porque contienen toda la información disponible y que, por lo tanto, nadie puede tomar ventaja consistentemente, que ha sido la base para muchos de los modelos matemáticos que se utilizan para predecir o manejar riesgos en los mercados financieros, está siendo seriamente cuestionada. Y los modelos basados en esas creencias corren peligro de pasar a hacerle compañía a la piedra filosofal o a la bola de cristal.

El Financial Times ha abierto un foro donde aparecen varios de los sumos sacerdotes a defender sus ideas y algunos de las nuevas estrellas a debatirlas, con el concurso de veteranos como Robert Skidelsky, biógrafo de Keynes, que propone retomar sus ideas para salvar a la disciplina de la vergüenza en la que se encuentra (esta nota se basa en artículos de Richard Thaler y Sidelsky en ese periódico la semana pasada).

No solo Keynes vuelve a ser relevante. Viejos economistas de la tendencia post keynesiana han vuelto a figurar. Durante los años de sostenido crecimiento económico nadie los tuvo en cuenta porque hablar de crisis no despertaba interés. Economistas que no pertenecen a esas corrientes, como Nouriel Roubini, predijeron la crisis actual y gozan hoy de muy buena reputación, pero también son víctimas del síndrome del patito feo, que no es popular entre los patos después de que se descubrió que es cisne.

La integridad de algunos de los más connotados ha sido puesta en juicio. Burbujas como la de los 'puntocom' o la del mercado de finca raíz en Japón habían demostrado que los precios no necesariamente están bien, antes de que se viniera abajo el mercado de finca raíz en las principales economías. También existía evidencia de que correlaciones no predecibles entre instrumentos de inversión pueden aparecer, o que las rentabilidades astronómicas que induce el excesivo apalancamiento financiero son un espejismo, pues con ellas viene una mayor vulnerabilidad ante lo inesperado como lo demostró la quiebra del fondo de riesgo Long Term Capital Management, que contaba entre sus socios principales con un Nobel en economía. Esta quiebra fue un ensayo controlado de lo que sucedió después, y no se tuvo en cuenta. Richard Thaler atribuye esa omisión a que el atractivo de la rentabilidad difícilmente se resiste.

Algunos economistas pueden decir con razón que lo que está en juicio no es la ciencia económica sino algunos aspectos de la macroeconomía y la teoría financiera, que se gestó en las escuelas de negocios más que en los departamentos de economía. Pero quizás esta crisis sirva para devolver un poco el péndulo como sugiere Sidelsky y que los economistas vuelvan a hacer mayor énfasis en los aspectos humanos, de comportamiento y morales de su disciplina y no se entreguen con tanto entusiasmo a fetiches inspirados por la simplificación que exigen las matemáticas o el deseo de convertir a la economía en una ciencia exacta.

Rudolf Hommes

PUBLICIDAD

Vea más en Columnistas

Contáctenos

*
*
*

Nota Este dato lo necesitamos para confirmar su identidad en nuestra base de datos y poder hacer un seguimiento a la respuesta que le damos, no será usado con ningún otro fin.


*
*