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Rudolf Hommes

Ni rastro de un plan de choque

Todavía hay mucha confianza de que la crisis económica y financiera del mundo no va a afectar a la economía colombiana tanto como al resto del mundo. Tal vez es por esa razón que el Gobierno no ha tomado en serio la situación y no ha producido todavía un programa concreto que tenga efectos anticíclicos sobre una economía que se está desacelerando rápidamente, y se limita a recriminar a los pesimistas o a hacer anuncios bobalicones. Esta semana, por ejemplo, se indicó que el Gobierno va a enfrentar el desempleo a través de las cajas de compensación, que supuestamente van a emprender obras civiles que podrían crear un total de 4.800 empleos nuevos.

Este esfuerzo encomiable es insignificante. En el último trimestre del 2008 se perdieron 418.000 empleos, más del 30 por ciento de ellos en el sector rural. La generación de empleo con el concurso de las cajas no le va a hacer ni cosquillas al problema del creciente desempleo, que ha afectado mucho más a los pobres y a los que no tienen educación superior. Como reformaron al Dane, ahora no hay forma de medir la evolución de la pobreza, pero ésta tiene que haber aumentado significativamente, y la distribución del ingreso debe haberse desmejorado en un ambiente en el que cae el empleo de los trabajadores de ingresos bajos y sube el de asalariados de altos ingresos.

Parece ineludible pensar en grande en una política anticíclica con programas ad hoc que estén enfocados a proveer empleo para la población con bajos niveles de educación y para los más pobres. Se estima que nada más para este último grupo se necesitaría generar alrededor de 380.000 empleos nuevos. Eso no se resuelve con programitas. Es inalcanzable si no se estimula la economía en forma efectiva.

El plan de los 55 billones no resultó creíble, porque estaba pegado con babas, pero apuntaba en la dirección correcta: un gran plan de inversión que tiene que ser ejecutable efectivamente en el corto plazo. Contra soluciones que respondan a esta necesidad conspiran varios factores, adicionales a la pobreza de buenas ideas, y a la inoperancia e inestabilidad del equipo humano responsable de generarlas y de ponerlas en práctica. 

En las condiciones actuales, cuando el Gobierno está empeñado en una segunda reelección, da temor de que el plan de choque termine financiando la compaña y no cumpla su objetivo de promover la inversión y aumentar la productividad. Además, los pocos técnicos que tiene el Gobierno en el DNP se van y quedan vacantes puestos claves de la tecnocracia para que se los tome la politiquería. Así no hay posibilidades de salir bien de esta crisis.

En el país ya hay conciencia de que la ejecución de obras y la organización de las licitaciones no han sido el fuerte de esta administración, pero el Presidente y su Ministro del ramo no comparten esa apreciación. Esta es una restricción real, que se debe tener en cuenta para generar soluciones. Otra restricción efectiva es la financiación de los proyectos. Ésta se solucionaría si se encuentra la forma de asignar los proyectos a concesionarios privados en forma eficiente y transparente, lo que no parece ser posible con el equipo existente y respetando la primera restricción. Hace falta encontrar un atajo: como ISA ha decidido que va a ser ejecutor de grandes proyectos de infraestructura en el exterior, quizás podrían persuadirlos de que más bien los hagan aquí, por contrato interadministrativo, utilizando a las firmas de ingeniería nacional como subcontratistas, y/o cediendo proyectos a subconcesionarios privados.
 

Rudolf Hommes

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