El 2008 va a ser un año malo para la economía, sin que el Gobierno o la clase política se hayan dado cuenta de lo que ello implica. Y como van las cosas, el 2009 también puede darse ya por perdido. La Andi estima que la producción industrial cayó 1,8 por ciento en los primeros 9 meses de este año. La producción industrial va a terminar el año con un crecimiento inferior al 1 por ciento. El sector agropecuario posiblemente no caiga, pero tampoco tendrá un resultado brillante. La demanda de alimentos ha caído, el crédito se ha reducido y hay problemas en el sector cafetero. Las ventas totales del sector manufacturero cayeron 1,2 por ciento en los primeros 9 meses del año y el panorama de año completo es poco alentador. Las ventas del comercio este año no crecen más del 1 por ciento. En todo se advierte que la demanda y la inversión se están parando. Es posible que se logre crecer alrededor de 3 por ciento en el año, con un poco de suerte, pero también es posible que no lo logremos. En todo caso, el resultado va a ser pobre. Para el próximo año, los empresarios pronostican un crecimiento del orden de 2 ó 3 por ciento, pero basados en su capacidad de abrir mercados nuevos para exportaciones y sin tener en cuenta restricciones de crédito. Con las perspectivas de crisis internacional generalizada que existen y la restricción de crédito, aún estas moderadas expectativas pueden ser optimistas. Al parecer, al Banco de la República le está preocupando este panorama. Accedió por fin a reducir marginalmente la tasa de interés, posiblemente más motivado por razones políticas que por razones económicas. Convencidos, como deben estarlo, de que la desaceleración de la economía este año y el próximo son un hecho, no quisieron dar la señal de que el Banco es indiferente ante esa situación. Pero no hay nada que garantice que seguirán rebajando la tasa de interés, a menos que el Gobierno de señal de que está preocupado por la inflación y el crecimiento. Lamentablemente, al Gobierno y a la clase política oficialista no parece interesarle nada distinto a su proyecto político que es, sencilla y llanamente, la reelección de su jefe en el 2010. Perdido el pudor en estas últimas semanas, el uribismo va a sacar esto adelante aunque tenga que hacerlo a coñazos, se lleve o no la institucionalidad por delante. De aquí en adelante, la atención del Congreso, la del Presidente y la de los ministros van a estar exclusivamente concentrada en ese proyecto. En cierta forma puede ser afortunado que el Gobierno se desentienda de la economía, porque podría ser peor que se pusiera a gastar para darle más estímulos al clientelismo oficialista. Aunque el país se beneficiaría con un plan de inversión bien concebido y bien ejecutado, no hay garantía de que este Gobierno pueda llevarlo a cabo, y como se cree sus propios cuentos no va a ver la necesidad de reorganizarse para hacerlo. Pero la economía no vive de cuentos ni crece por orden del Presidente, y la gente ya se dio cuenta. En la última encuesta de Gallup, el 57 por ciento de los encuestados ya dice que la situación económica está empeorando. Cuando el uribato termine de torcerle el pescuezo a la Constitución en el 2009, no sería raro que se haya desvanecido el 55 por ciento de la opinión que hoy los acompaña, y que la gente ya diga "qué jartera otros 8 años de Uribe".
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