El sábado pasado nos levantamos con la buena noticia de que en pruebas internacionales comparativas (Timss) los estudiantes colombianos de octavo grado han progresado en matemáticas y en ciencias frente a los resultados de 1995 (El Tiempo, diciembre 13, 2008). Sin embargo, la lectura del artículo reveló que los alumnos colombianos solamente habían mejorado marginalmente su puntaje y su posición relativa, pero seguían entre los últimos.
El promedio de los alumnos colombianos de octavo es muy inferior a la media de 58 países y superamos solamente a seis países en matemáticas y a siete en ciencias. Para los alumnos colombianos de cuarto grado, la media de los resultados fue también muy inferior a la del grupo y muy distante de los mejores.
En cuarto grado ningún alumno colombiano alcanzó el nivel avanzado; solamente el 9 por ciento alcanzó o superó el nivel promedio; y el 69 por ciento no alcanzó el nivel mínimo. En octavo, el 61 por ciento estuvo por debajo del mínimo. Estos resultados son muy pobres y de lo único que Colombia puede ufanarse es de haber tenido el valor de participar en las pruebas y de revelar los resultados. El progreso ha sido irrisorio.
Coincide esta información con la publicación de un estudio de la Unesco sobre la educación que también trae buenas y malas noticias para Colombia (Informe de Seguimiento de la Educación para Todos en el Mundo 2009, Panorámica Regional, América Latina y el Caribe).
Entre lo reprochable se destaca la desigualdad en la provisión de educación básica en Colombia donde la tasa de inasistencia fue de 6 por ciento, pero el 63 por ciento de los niños que no acuden a la escuela proviene de los dos quintiles más bajos de la distribución de ingresos. Las disparidades en la cobertura y la calidad de la educación generan profundas desigualdades que obstaculizan el progreso hacia una "Educación para Todos" (EPT).
El mismo informe señala que los avances cuantitativos en cobertura, como los que puede mostrar Colombia, no son suficientes para avanzar hacia el objetivo de EPT si no se progresa con igual o superior vigor en responder a las deficiencias y problemas de nutrición, salud y bienestar de la infancia. No sacamos nada con tener una estrella en el Ministerio de Educación si el de la Protección Social va a otro ritmo.
El área en la cual se obtienen los mayores resultados educativos por peso invertido es en programas de atención y educación de la primera infancia, que están por fuera de la órbita de Educación. Por ejemplo, en las evaluaciones del Bono de Desarrollo Humano, que es un programa de Ecuador que busca los mismos fines del de Familias en Acción en Colombia, o el de Oportunidades en México, el informe de la Unesco reporta que "los niños beneficiarios pertenecientes al quintil más pobre obtienen en el plano cognitivo resultados superiores en un 25 por ciento al promedio observado en el grupo de control que no se beneficio del programa". El programa ha generado un aumento de 10 puntos en la tasa de escolarización de los beneficiarios.
Es una lástima, por lo menos en el caso de Colombia, que programas como los de Madres Comunitarias o Familias en Acción hayan sido contaminados por el clientelismo que captura parte del beneficio e induce así la pérdida de su efectividad social. También es lamentable que la tasa bruta de escolarización en la enseñanza preescolar sea solamente del 40 por ciento, inferior aún a la de Bolivia que es un país mucho más pobre. (Continua).
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