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Rudolf Hommes

Economía: intervenir o dejar pasar

Publicado el 08-12-08

Parece haber consenso entre los economistas sobre el impacto negativo que tendrán la crisis y la recesión de los Estados Unidos por el crecimiento en 2009 y en 2010. Sobre lo que no hay consenso es acerca las políticas que se deben adoptar para
suavizar el impacto de la crisis.

El Gobierno podría preparar en coordinación con el Banco de la República un programa de inversión en infraestructura que tuviera un impacto asegurado positivo sobre el empleo. Alternativa o complementariamente, el Banco de la República, una vez se asegure de que el Gobierno se va a portar bien en el frente fiscal y que la inflación está contenida, podría rebajar la tasa de interés.

Estas son las dos opciones. Una de ellas, o una combinación, podría dinamizar la economía y neutralizar parcialmente el efecto negativo de la situación mundial. Pero los economistas colombianos tienen muchas dudas sobre las bondades de estas políticas.

En primer lugar están quienes no están de acuerdo con una reducción de la tasa de interés del Banco de la República o a que este supedite a otros objetivos su misión principal, que ha quedado expresada en la meta de reducirla de su nivel actual a un rango entre 4,5 y 5,5 por ciento el año entrante. Ven difícil alcanzar esta meta y por eso no quieren que se comprometa la libertad del Banco para mover la tasa de interés. Un ex director del Banco señala que la tasa de interés real del Banco de la República es apenas de dos y medio puntos, lo que no deja mucho campo para reducirla; y que tanto la devaluación del peso como el ajuste del salario mínimo van a ser factores que presionan precios, de tal manera que ya va a arrancar el año con más de dos puntos de inflación entregados, lo que hace más difícil cumplir la meta adoptada por la junta.

Del lado fiscal también hay dificultades: el déficit del Gobierno Central sigue siendo un problema, disminuido por los superávit del resto del sector público que no son ni estables, ni están asegurados. En esas condiciones aumentar el gasto en inversión, así los ministerios responsables fueran capaces de ejecutar a corto plazo proyectos impecables, seguramente va a promover inflación, a menos que se reduzca el gasto corriente para acomodarlo, o la economía deje de crecer (que es precisamente lo que se desea evitar). En vista de esto, el tema de la oportunidad es crítico. Como la recesión no ha dado todavía muestras de haber tocado a Colombia, economistas como Mauricio Cárdenas aconsejan esperar y no anticiparse a la situación con un gran paquete fiscal, pero reconoce que es el antídoto necesario (PORTAFOLIO, 3 de diciembre, 2008). Él teme, sin decirlo, que el Gobierno se desboque.

Pero el gasto en infraestructura merece atención. El país y la economía no pueden seguir esperando indefinidamente, tolerando las ineficiencias, soportando derrumbes y condiciones de transporte inverosímiles. Se han perdido seis años y no podemos dar por perdidos los dos que restan. Hay muy pocas alternativas de gasto (la nutrición infantil, una de ellas) que son más rentables que las de infraestructura (si los proyectos son buenos y se ejecutan bien).

Lo sensato sería recortar gasto corriente para acomodar el de infraestructura que debe ser el prioritario y construir un paquete fiscal de consenso con el Banco que permita enfrentar la situación sin echarle fuego a la inflación. Claro que todo esto puede ser una discusión académica si siguen esperando sin hacer algo, porque los mercados de crédito se están cerrando para Colombia y el resto de América Latina.

rhommesr@hotmail.com 

Rudolf Hommes

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