El sistema educativo cubano a nivel básico es el único en la región capaz de producir resultados de calidad mundial, con un desempeño indiscutiblemente mejor que el de los otros países y con resultados muy superiores a los de ellos (ver la columna que publiqué en El Tiempo el viernes pasado).
Los analistas observan que las diferencias en los resultados no los explican variables como la educación de los padres, el nivel de educación universitaria que tienen los profesores o sus años de experiencia. Martin Carnoy, autor del libro Cuba's Academic Advantage: Why Students in Cuba Do Better in School (Stanford University Press, 2007), sostiene que el factor más importante relacionado con la diferencia en los resultados es lo que él llama 'capital social inducido por el estado'. Esto está ligado a que el ambiente en el que opera el sistema educativo cubano es una sociedad muy organizada, sujeta a estrictos controles, donde no hay miseria y la criminalidad es muy baja. La salud de los niños, su nutrición y su bienestar son una prioridad del estado que provee estos servicios de atención médica, nutricional y atención social, lo que facilita que a los niños les vaya bien en la escuela, dice Carnoy. Añade que los colegios son un sustituto de los padres, extensión de la familia durante todo el día, y asumen responsablemente ese papel.
Como los salarios son muy iguales en Cuba para las distintas profesiones, no es difícil atraer a la docencia a personas muy calificados en matemáticas, ciencias y lenguaje. Esto no es fácilmente replicable en países capitalistas. El entrenamiento de los profesores se lleva a cabo en un número relativamente reducido de escuelas normales especializadas donde los entrenan para enseñar un currículo nacional muy bien diseñado (el de matemáticas es el de Rusia que llegó a Cuba con profesores de Alemania Oriental). Los profesores no son autónomos y no hay sindicatos. Hay más supervisión efectiva que en los colegios de los demás países del continente y a los profesores se les somete a largos períodos de inducción con supervisión intensa. En consecuencia, a todos los niños cubanos se les ofrece más o menos la misma educación y la misma oportunidad de aprender.
Algunas de las conclusiones de Carnoy desafían creencias muy arraigadas sobre los sistemas educativos. Una de ellas es que la calidad de la educación la determinan los colegios y que dándoles autonomía e involucrando a los padres en el esquema gobernativo del plantel se contribuye al éxito del mismo. La educación en Cuba, por el contrario, es parte del sistema jerarquizado y muy centralizado de una sociedad comunista. Esto hace que los objetivos académicos sean claros, que la burocracia educativa sea responsable por su cumplimiento. Hay pocos grados de libertad, seguimiento e imputabilidad.
Los contrastes de este sistema con los de los países capitalistas y democráticos del continente son evidentes. En primer lugar por las condiciones del ambiente. En ningún otro país gozan los niños de tanta protección en términos de bienestar y condiciones del entorno en las que la violencia y criminalidad son muy bajas. Tampoco existe otro país en la región en el cual se garantice que todos los niños tengan la misma educación y las mismas oportunidades de aprovecharla. La mejor calidad del currículo y el elevado grado de entrenamiento y supervisión de los profesores son otros dos factores que inciden en forma muy significativa. Como hacer compatibles estos resultados con un sistema democrático es el desafío que tenemos que enfrentar, dándole preferencia a los derechos de los niños sobre los de los demás actores y agentes del sistema educativo.
rhommesr@hotmail.com
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