El Banco Mundial reunió a una comisión internacional de notables para analizar el problema del crecimiento económico, y ha publicado un informe de ésta con reflexiones muy interesantes, aunque no todas novedosas (Growth Report, Commission on Growth and Inclusive Development, 2008). En materia educativa, la comisión sigue defendiendo el papel que tiene la inversión en capital humano. Todos los países que han alcanzado elevados niveles de crecimiento hicieron mucho énfasis en la educación e invirtieron recursos importantes para formar a su población.
La comisión favorece la educación pública, porque cree que genera provecho para toda la sociedad que exceden el beneficio personal que obtienen los que reciben educación, y porque muchas familias "tienen restricciones de crédito y no pueden endeudarse para pagar por la educación", ni lo pueden hacer de sus ingresos corrientes. En consecuencia, se justifica, por razones de eficiencia y de equidad, que ese servicio lo provea el Estado. Advierten que si la sociedad no asigna recursos para asegurar que los niños reciban la nutrición adecuada y los servicios de salud que necesitan durante las primeras etapas de vida y durante el embarazo de las madres, se pierde parte de la inversión que posteriormente se haga para educarlos. El capital humano que se pierde durante la primera etapa de la vida de los seres humanos nunca se recupera.
Los Estados tienen que decidir cómo distribuyen los recursos entre la atención a las madres embarazadas y los niños en sus primeros meses y años de vida, la educación básica y la superior. La comisión afirma que debe dársele prioridad al cuidado infantil, a la enseñanza básica y a la secundaria, y que la educación universitaria está en el último lugar, pero que no debe olvidarse la importancia de un sector universitario que crecerá a medida que aumenta el ingreso, y que de todas maneras se necesita esa educación para formar los cuadros directivos de las empresas y del Gobierno. Sin embargo, también concluyen que en todos los casos de países con altas tasas de crecimiento, las economías han absorbido rápidamente conocimiento y tecnología que están disponibles en el resto del mundo, y que no necesariamente se tienen que desarrollar en forma autóctona, pero que debe incorporarse y adaptarse a las exigencias propias de cada sociedad. Reconocen que no saben cómo lograr esta transferencia de conocimiento en forma eficiente, y no le atribuyen un papel importante a las universidades en ese proceso, dándole mayor valor a la inversión extranjera. No es claro, sin embargo, que se pueda ignorar el papel de la educación superior ni que se pueda lograr la transferencia y la acumulación de conocimiento, sin que intervengan universidades o existan otras instituciones educativas que ocupen su lugar.
En el caso colombiano, posiblemente lo más eficiente es que esa función la asuman las universidades y los institutos técnicos que ofrecen estudios post secundarios. Como el Estado tiene que concentrar su esfuerzo en las primeras etapas del proceso educativo, no dispone de recursos para expandir rápidamente el sector de estudios universitarios y post secundarios. Esta expansión, para llegar a niveles de cobertura cercanos al 50% y para asegurar que la educación sea de calidad, necesita otras fuentes de crédito. Esta financiación tiene que provenir de mayores impuestos específicos que paguen los beneficiarios directos, como ha propuesto el Rector de la Nacional, de matrículas, o de una combinación de esas dos fuentes. Lo que no es sostenible, es que los estudiantes de ingresos altos y medios que se educan en instituciones públicas no paguen por el valor de la educación y sean subsidiados.
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