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Rodolfo Segovia

Poderoso talismán

Publicado el 02-10-09

En tiempos de don Sancho Jimeno, y a pesar de que la presencia hispana en el Nuevo Reino de Granada iba para dos siglos, le costaba llegar desde Cartagena hasta las cercanas orillas del Río Grande de la Magdalena. No imaginaba trescientos años más de limitado progreso y gran frustración. Econometristas sostienen que el atraso vial colombiano le ha restado, y le sigue restando más puntos al PIB que la guerrilla.

Se ha filtrado un documento de hace un año, que ex ministros de obras públicas desistieron de entregarle al Presidente. ¿Para qué? Cuando el que mira no quiere ver, de poco sirve alertar. Decían entonces: "nos sumamos a la generalizada percepción sobre lo modesto de los logros en materia de infraestructura para el transporte terrestre, férreo y fluvial". Y agregaban: "el Plan Nacional de Desarrollo fue tímido en fijar prioridades para la infraestructura de transporte que estuviesen acordes con las metas macroeconómicas. Los ambiciosos objetivos en comercio exterior, agenda interna, crecimiento y competitividad no se complementaron con un proyecto coherente de vías que los apoyara". En efecto, las cosas partieron mal, porque el malogrado inventor a cargo del asunto, preocupado con el espesor de la capa de asfalto, ni pensó en grande, ni reclutó la iniciativa privada, de la que desconfiaba.

Y terciaban los ex ministros: "dadas las limitaciones fiscales resulta de vital importancia privilegiar obras con claro criterio estratégico y probada conectividad. Al Ministerio le incumben las que benefician al país como un todo. Se trata de la tarea de construir y mejorar los grandes corredores para llegar a los puertos y a las fronteras y para unir poblados centros urbanos entre sí". Se optó, en cambio, por dar prioridad a carreteritas de bajo tráfico, pero alta rentabilidad electoral. Y aún lo modesto resultó regular y caro. Al pecado de fijar metas mezquinas, se sumó incapacidad para alcanzarlas.

"Ha sido característico de su gobierno que cuando se conjugan la voluntad presidencial y los instrumentos idóneos se llegue a metas ambiciosas". No hay en la frase asomo alguno de antigobiernismo, pero se añade: "para conseguirlo en obras públicas se impone extirpar la notoria inestabilidad y debilidad técnica del Inco, cuyo desbarajuste institucional ha ido en desmedro del desarrollo vial" ¡Ay, ay, ay! Sin que se sospeche dolo de su parte, ¿Estará el Ministro del ramo exento de responsabilidad, cuando a su vera los yerros se multiplican por ocho? De ese y de otros, que ahora trata de borrar con planes grandilocuentes en un deleble futuro. Por ejemplo, dadas las enredadas aspiraciones de contratistas actuales, con derechos adquiridos y peso político, de la Autopista de las Américas, quizá se usufructúe en el cuándo que no tiene cuando.

No se ha acusado a Álvaro Uribe de ser mal juez de carácter, o de confundir talento con chapuceo. De ahí, que muchos encuentren inexplicable el que a Andrés Ariel, o Andrés 'Carriel' como dicen jocosamente, 'nadie lo destrona'. Don Sancho sonríe socarronamente; él sabe. Es devoto de la Inmaculada Concepción, la virgen hispana por excelencia. No se quita la medallita que le salvó mientras combatía los bucaneros que atacaron a Cartagena en 1697. De la afinidad del Presidente por lo sobrenatural y de la historia del atentado en sus tiempos de Gobernador de Antioquia, deduce que el Ministro de Transporte es el amuleto que mantiene a raya las fuerzas del mal. Y de un poderoso talismán, nadie se desprende.

rsegovia@axesat.com

Rodolfo Segovia

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