Desde finales del año pasado, la producción de petróleo excede la demanda. El consumo ha caído de 85 a 83 millones de barriles diarios. A pesar de los recortes dispuestos por la Opep, se extrae desde hace meses más de lo que se consume. Con tanto esfuerzo para sacar el crudo del fondo de la tierra, cuesta resignarse a dejarlo en el hueco. El excedente supera el millón de barriles por día. ¿Dónde anda?
Sale y se almacena. Además de atiborrar tanques, los productores de crudo, la Shell y la Arabia Saudita entre otros, han ido copando gigantescos supertanqueros ociosos y los mantienen como depósitos flotantes en el Golfo de México, el Canal de la Mancha y el Estrecho de Malaca a la espera de clientes. Nunca se había visto una acumulación semejante.
Se calcula en 100 millones de barriles el inventario a flote. En un primer momento se fue soltando controladamente para su proceso por las refinerías en preparación de la tradicional demanda de gasolina veraniega. Este manejo, combinado con la debilidad del dólar y la especulativa ilusión que los futuros de energía son una mejor inversión que otros papeles, sostuvo los precios del petróleo a niveles irreales y generó una burbuja que poco reflejaba las realidades de la oferta y la demanda.
Se terminó el recreo. Aún con intereses por el suelo, hay que pagar el arrendamiento de barcos y de las instalaciones en tierra, y algo cuesta apostar a que el petróleo de mañana será más caro que el de hoy. Además, no queda espacio donde meterlo. Por su parte, el consumidor, que cuida su bolsillo y lo agobia la cantaleta del calentamiento global y los gases de invernadero, ha decido ahorrar (las 4x4 no están en boga). Los despejados cielos del estío no han estimulado una estampida hacia las carreteras. La demanda se contrae.
Los que se ocupan de estimar, campo por campo, cuanto sale del subsuelo y, refinería por refinería, el volumen de los derivados, ataban cabos y quedaban perplejos ante la volatilidad del mercado que dobló el precio del barril entre enero y junio de este año (US$36 a US$72 por barril).
Después de deducir la producción marginal abandonada y conocer la efectividad de la Opep para apretar válvulas (85 por ciento de la cuota), dadas las trampas consuetudinarias de algunos miembros del cartel, las cuentas no cuadraban. El precio del crudo era insostenible.
Bastó en efecto un pestañeo en las cifras sobre sostenibilidad de la muy balbuceante recuperación económica mundial para precipitar un barrigazo del precio del petróleo que todavía va comiendo pista. Durante los próximos meses es improbable que las cotizaciones de los hidrocarburos (se incluye el gas natural) salgan del sótano, salvo desestabilización política que los impulse a levantar otra vez vuelo. Como no es en Suiza donde están los reservorios, el terror a interrupciones del suministro se convierte en importante variable para la ecuación petrolera. Difícil adivinar que tan pronto se van a recuperar.
Don Sancho Jimeno supo que tendría que batirse contra unos desalmados apenas avistó desde su garita en el fuerte cartagenero de San Luis de Bocachica temblorosos mástiles piratas en el horizonte. Era abril de 1697. No pretendió a agorar más allá de esa convicción. Cuánto tardarían en acercarse era asunto de vientos, corrientes y mareas, y por lo tanto sujeto a cálculos muy imprecisos.
rsegovia@axesat.com
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