Estuvo a poco de darse una serie mundial de béisbol entre los Medias Rojas de Boston y los Dodgers de Los Ángeles que no se veían las caras desde 1916, cuando los primeros derrotaron al entonces todavía equipo de Brookling. Pero lo extraordinario hubiese sido la presencia del pelotero dominicano Manuel 'Manny' Ramírez, que es una máquina de batear, por haber militado en ambos equipos durante la temporada del 2008.
Dicen que aunque don Sancho Jimeno golpeaba pelotas con un palo en su nativa Vizcaya hubiese tenido poco tiempo para admirar las hazañas de 'Manny', mientras trataba de quitarse de encima los piratas franceses que asolaron a Cartagena en 1697.
Los emolumentos de beisbolista, sin embargo, le hubieran llamado la atención. Don Sancho sabía de morrocotas; era uno de los grandes terratenientes de la provincia. 'Manny' devenga 20 millones de dólares por algo más de medio año de trabajo, aunque sin derecho a compensatorio por sábados y feriados. Aspira a más.
Los Medias Rojas contrataron a Ramírez para ocho temporadas a partir del 2001 por 160 millones. El club se reservó una importante opción hasta el 2010 con la misma remuneración anual. El alto precio valió la pena. 'Manny' condujo a los Medias Rojas a un heroico e histórico campeonato mundial en el 2004 (después de 85 años de ayuno) y el equipo repitió en el 2007, convirtiéndose en la novena dominante del siglo XXI.
En Boston la afición es apasionada. Más que club de béisbol, los Medias Rojas son un símbolo. Su pequeño estadio (37,000 espectadores) lleva años de jugar con lleno completo.
Se habla no de un equipo de béisbol, sino de 'la nación', con fanáticos en la Nueva Inglaterra y en todo Estados Unidos y el Caribe. Es además el refugio de los que odian (y son muchos) a los Yankees de Nueva York. Hasta Mike Schmulson se cuenta (discretamente) entre sus simpatizantes. La prensa en Boston se ocupa de cada pestañeada de sus jugadores.
Desde hace un par de temporadas 'Manny' decía hallarse inconforme por el acoso en Boston; al parecer todo el mundo se sentía con derecho a acostarlo y él, hombre de familia y defensor de su privacidad, se quejaba de no tener un momento de paz.
Dejó de hablarle a los reporteros que magnificaban su peculiar idiosincrasia. La incomodidad no afectaba, sin embargo, su ética de trabajo; siguió produciendo en el diamante.
Pero a mediados de este año las cosas pasaron a mayores. 'Manny' trasgredió la disciplina del equipo y hubo roces con la administración. Se envenenó el ambiente dentro de la novena, que comenzó a perder terreno.
La cuerda no estiró más. Los dueños de los Medias Rojas resolvieron salir de 'Manny' a como diera lugar. Accedieron a pagar su salario hasta fin de año y renunciaron a su opción para el 2009 y el 2010. En una complicada negociación lo transfirieron a los Dodgers de Los Ángeles, que vegetaban sin muchas posibilidades de llegar a la postemporada.
En dos meses Ramírez transformó a los Dodgers; disparó jonrones, empujó carreras, llenó el estadio y los clasificó. Su final de temporada, aún medida por sus propios y exigentes estándares, fue espectacular. A los Medias Rojas también les fue mejor con su partida. Y 'Manny' dice estar feliz.
Los Ángeles es una plaza relajada, donde el público llega al béisbol después de comenzado el partido y se va antes de que termine. En una ciudad que todo lo ha visto, puede salir a comer tranquilo con los suyos. Por lo menos, esa es la versión oficial.
Cabe otra película. 'Manny', de 36 años, sabe que vale oro en taquillas, souvenirs y patrocinios. Liberado de la limitante opción con los Medias Rojas podrá vincularse hasta el final de su probable vida útil como pelotero (41 años) con el mejor postor. Serían cinco años por quizá más de 25 millones anuales mientras llega al Salón de la Fama. Le sobrarán ofertas. La gloria es la gloria, pero, como ha dicho el mismo 'Manny', los negocios son los negocios.
rsegovia@axesat.com
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