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Rodolfo Segovia

La reculada

Publicado el 20-06-08

Don Sancho Jimeno no reculaba, siempre ponía el pecho. Lo puso en el fuerte de San Luis de Bocachica para retar a los filibusteros que atacaron a Cartagena de Indias en 1697. Hugo Chávez en cambio acaba de protagonizar una reculada que haría sonrojar a las huestes de Olafo. Pero hay que digerirla con un granito de sal.
El Movimiento Bolivariano hacia el socialismo del siglo XXI sigue vivito, se ha apenas deslastrado de las Farc por ser éstas una pésima inversión, dentro y fuera de Venezuela. Adentro por impopular y afuera por ser tan descuidadas con los computadores.

Para qué desgastarse con una narcoguerilla desprestigiada y boqueando. Las encuestas le dicen a Hugo, que son casi tan impopulares entre sus compatriotas como en Colombia. Cuando abogó por otorgarles el estatus de beligerante recibió un rechazo universal, incluyendo el de amigos cercanos. Y para rematar, su incontinencia digital lo desenmascaró peligrosamente como cómplice de terroristas. Mala cosa. Su mentor Fidel, a quien fue a visitar recientemente para comparar notas, debió reiterárselo.

Este pudo haber sido el tenor del consejo del patriarca de luenga barba: "No te desgastes Hugo, hay mejores maneras de invertir tus crecientes recursos. Olvídate de las Farc. Huelen mal. Doscientos años de construir la democracia formal de la Revolución Francesa, soñada por los creadores de las repúblicas iberoamericanas, han madurado la fruta. La guerra no paga. Lo que paga es el voto. Gasta bien tu platica".

Y en efecto, el voto en sociedades inestables, vulnerables a choques externos y afligidas por desigualdades que no han sabido corregir, es el instrumento de populistas simpatizantes del estatismo económico y la antiglobalización reflejada en la aversión al libre comercio para llegar al poder.

Financiarlos es buen negocio y por lo tanto las baterías bolivarianas se han enfilado y se enfilarán hacia intervenir en los asuntos internos de sus vecinos dentro de las facilidades que da la democracia.

No deja de sorprender, por cierto, la relativa pasividad continental ante la a veces burda intervención. En El Salvador, por ejemplo, un brazo comercial de Pdvsa hace acuerdos de cooperación para proveer de combustible subsidiado a los municipios con alcaldes oposicionistas del Frente Furibundo Martí, y solamente a esos municipios, sin que el Gobierno salvadoreño se atreva a intervenir.

Qué tal que los gringos se inventaran algo parecido. La gritería reventaría tímpanos.

Desconceptuada la vía de las armas, la táctica es acogotar la democracia con su propia soga. Ya en el poder, y desde el borde del autoritarismo, pero sin traspasar abiertamente la raya para no perder legitimidad, se procede a la captura del Estado hasta ahogar con método y perseverancia toda oposición.

Es lo que intentan Chávez en Venezuela y Evo Morales y Rafael Correa con sus Constituciones, y lo que andaría haciendo Ollanta Humala de haber sido elegido, y lo que hará Fernando Lugo en Paraguay.

El muñeco de ventrílocuo sandinista, simplemente pasa trabajos aprendiéndose la cartilla. Son, sin embargo, países donde llega lejos esparcir petróleo, retórica y dinerillos, pero que raramente clasifican al mundial de fútbol.

El Movimiento Bolivariano requiere de un peso semipesado como Colombia para obtener credibilidad.

Don Sancho interpreta la reculada como un giro táctico de Hugo para abrir espacios a sus simpatizantes desligándolos de los recalcitrantes de la narcoguerrilla.

Piedad Córdoba dejará de hacer mandados en la espesura. Habrá eso sí billete, harto billete petrolero, para la conquista de votos.

Rodolfo Segovia

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