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Rodolfo Segovia

El sepulcro del San José

Publicado el 06-06-08

Don Sancho Jimeno fue testigo. El héroe de Cartagena en 1697, cuando piratas franceses la atacaron y saquearon, salió en su bote la tarde del 9 de junio de 1708 a recibir a los fugitivos. Eran mercantes interceptados por una flotilla de navíos de línea ingleses al suroeste de Isla Tesoro, la más septentrional de las Islas del Rosario (entonces conocidas como las Islas de Barú) y que hacían parte del convoy encabezado por el Galeón San José. Venían de participar en la última de las universalmente famosas Ferias de Portobelo (Panamá), a donde los comerciantes limeños traían la plata del Potosí peruano para intercambiarla por la mercancía llegada en las flotas desde la Península.

Se temía una gran tragedia. No se tenían noticias de los tres galeones, barcos de guerra que protegían a los barcos del comercio y transportaban los haberes en metálico, producto de los pagos en la feria. Se habían trabado en batalla con los ingleses.

Solo hasta el día 10 de junio, cuando el San Joaquín entró a la bahía portando la mitad del tesoro, pudo saberse que el Santa Cruz se había rendido después de galante resistencia y que la nave capitana San José, yacía en el fondo del océano. Se había ido a pique hacia las 7:30 p.m. al tiempo que se cañoneaba de cerca con el Expedition, comandado por el comodoro Wager.

Con el San José se hundieron en aguas profundas toneladas de oro y plata, además de objetos valiosos; más de mil millones de dólares de hoy, tomando en cuenta solo el peso de los metales preciosos. Por las pesquisas de la época para explicar la pérdida y asignar responsabilidades se conocen detalles de una infortunada explosión. Hubo muy contados sobrevivientes. Después todo fue olvido hasta hace 25 años cuando la compañía Glocca Morra (Sea Search Armada), con permiso de exploración del Gobierno colombiano, dijo haber hallado el galeón y lo reclama como suyo; un pleito que falló recientemente la Corte Suprema y que deja rendijas.

Nadie se había tomado el trabajo, sin embargo, de reconstruir, desde el punto de vista, náutico lo sucedido la noche trágica. La localización del San José en su camposanto líquido carecía de sustento científico. Con la publicación de The Sinking of the San Jose on June 8 1708: An Exercise in Historial Detective Work ('El hundimiento del San José el 8 de junio de 1708: un trabajo histórico-detectivesco') en la edición de mayo del Mariner's Mirror el panorama cambia. Basados en los cuadernos de bitácora de los buques de línea ingleses Expedition, Porland y Kingston y del brulote Vulture, que participaron el la batalla, la profesora Carla Rahn Phillips de la Universidad de Minnesota y sus colaboradores del Naval War College de Newport, trazan un trapecio al noroeste de Isla Rosario (la más occidental del archipiélago de las Islas del Rosario). Dentro de esas coordenadas debe encontrarse el San José.

En su punto más cercano, el trapecio de los investigadores se encuentra diez kilómetros al noreste de las coordenadas denunciadas por los buscadores de tesoros ante las autoridades colombianas (1983) para reclamar la propiedad del naufragio. Hecho nada sorprendente, puesto que la Armada Nacional, Ecopetrol y sus asesores barrieron el fondo del océano (1994) alrededor de esas coordenadas, sin encontrar absolutamente nada en un área de varios kilómetros cuadrados.

No hay que confiarse, sin embargo. Con los progresos de la exploración submarina es ya posible hacer maravillas para rastrear el fondo del mar desde distancias considerables. No es necesario pedir permiso. De ahí al saqueo subrepticio no hay sino un paso. Don Sancho piensa que, si bien la Armada Nacional tiene muchas preocupaciones, ésta del San José no es una para echar en saco roto.

Rodolfo Segovia

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