EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS
portafolio.com.co / opinión / columnistas / Rodolfo Segovia
Entre enero y diciembre del 2007 el precio del petróleo pasó de cincuenta a cien dólares por barril. Pocos ya se acuerdan. No se produjo un shock como cuando en 1972 se fue de dos a doce dólares en cosa de semanas. El incremento porcentual del año pasado fue leve y paulatino. Las economías desarrolladas digirieron el alza y siguieron creciendo, mientras en los países en desarrollo, como China o Venezuela, los subsidios estatales a los combustibles amortiguaron el golpe. El dolor del aumento no hizo rabiar.
Según los analistas, el 2008 será pacífico. El consenso, dada la desaceleración gringa, se sitúa cerca de los ochenta dólares por barril como promedio del año, salvo un sobresalto geopolítico. Por ahí está también el piso insinuado como línea de defensa de la Opep. Un precio cómodo al considerar la devaluación del dólar contra casi cualquier canasta de monedas. Don Sancho Jimeno, el héroe contra los piratas franceses que se abalanzaron sobre Cartagena de Indias en 1697, sabía algo sobre trazar la raya. Con la reciente adición de Angola, la Organización tendrá más munición para atajar el asalto sobre los precios que la mosquetería con que contó el vizcaíno en Bocachica.
Las alzas del petróleo no han traído un gran crujir de dientes, pero sí han estimulado inversiones en hidrocarburos marginales, como las arenas bituminosas de Athabasca, en la provincia de Alberta, Canadá. Alrededor del mundo crudos espesos y reservorios considerados no económicos en el pasado han cobrado viabilidad. Se demuestra que en materia de energía los mecanismos de mercado siguen siendo adecuados para satisfacer la demanda. Sin embargo, conviene recordar que ello se dio gracias a que el precio del petróleo pasó de dos a cien dólares por barril en el corto lapso de 35 años (1972-2007). Aún descontando la inflación, ¿podrá sostenerse semejante progresión para asegurar los suministros del futuro?
A los nostálgicos del Club de Roma les gusta revivir el espectro del agotamiento de los recursos del planeta por la vandálica acción del hombre. Que los hechos rehúsen a conformarse a las predicciones no los arredra. El último caballito de batalla consiste en fijarle un límite de aproximadamente cien millones de barriles diarios a la producción sostenible de petróleo (se prevé una tasa de ochenta y siete millones en el 2008). El límite es cuestionable. Si hoy las compañías nacionales de petróleo, como Pdvsa en Venezuela o Nioc en Irán, explotasen sus reservas de crudo con la misma eficiencia con que las compañías privadas internacionales explotan las suyas (el rezago no es solo por las cuotas de la Opep), la producción mundial sería el doble. La aparente limitación no es tanto por carencia geológica del recurso como por cortapisas políticas para acceder a él.
Nadie va a detener el irreprimible deseo de chinos e hindúes (y hasta de colombianos) a hacerse a un carrito. La movilidad en cuatro ruedas es sinónimo de libertad. Los que poco tienen están dispuestos a soportar hasta el calentamiento global a cambio del bienestar que trae la disponibilidad de energía fácil y abundante. Subirá el precio de los hidrocarburos y el alza moderará su demanda, mientras fuentes no tradicionales, factibles a cotizaciones más altas del petróleo, disminuirán la presión sobre un recurso al que le queda larga vida. Don Sancho piensa que conviene aprovechar los espacios que va consolidando la política de Seguridad Democrática para que los colombianos cuenten con crudo por mucho rato. Ese es el propósito de la "III Colombia Oil & Gas Investment Conference" convocada en Cartagena por la Agencia Nacional de Hidrocarburos la semana próxima. Le parece una iniciativa más constructiva que andar distraído con preocupaciones necias.
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