La Semana Santa es para muchos una época de reflexión y de lectura. En mi caso, estuve repasando algunos temas de historia y me encontré con una serie de artículos de Salvador Camacho Roldán con el título de Cuestiones de Colombia con Ecuador, escritos en La Opinión entre noviembre y diciembre de 1863, los cuales fueron recopilados en el primer tomo de sus Escritos Varios. Estos artículos, sin duda, nos hacen pensar en la importancia de evitar los conflictos entre dos países hermanos.
Camacho Roldán hace un relato de las desavenencias sucedidas en ese entonces entre las dos naciones. Allí recuenta que en mayo de 1862, se dio una situación desafortunada que fue la violación del territorio ecuatoriano por parte de las fuerzas conservadoras de Colombia "para aprehender a algunos liberales asilados allí". Esta situación llevó, como reacción, a los ecuatorianos a organizar un ejército y marchar sobre la frontera dirigiéndose a Tulcán con intención de ocupar Pasto, al tiempo que enviaban armas a los liberales granadinos asilados. Agrega Camacho que "antes de ocupar una sola línea de nuestro territorio el señor García Moreno, quién comandaba las fuerzas ecuatorianas, fue atacado, batido y hecho prisionero como es notorio". Las presiones mutuas en las fronteras continuaron posteriormente. De una parte, el general Mosquera se lanzó contra Ecuador y realizó intentos frustrados por reunificar las dos naciones. De otra parte, el general Flórez, gloria de la antigua Gran Colombia, marchó sobre Colombia hasta que sus fuerzas fueron abatidas en la denominada batalla de Cuaspud.
Todo esto llevó a repensar en las dos naciones la gravedad y la inutilidad de los conflictos entre los dos países hermanos y a recordar el Tratado de Paz, Amistad y Alianza del 11 de diciembre de 1832, entre la Nueva Granada y el Ecuador cuyo Artículo 5 establecía que: "Cualquier diferencia que desgraciadamente pudiese suscitarse en adelante entre los Estados de La Nueva Granada y el Ecuador, será tranzada por la vías pacíficas y amigables, sin icurrir jamás al detestable medio de las armas".
La realidad es que las relaciones entre las dos naciones continuaron siendo históricamente las mejores. En un discurso pronunciado por Alfonso López Pumarejo como presidente electo de Colombia al presidente electo del Ecuador J.M. Velasco Ibarra en 1934, decía: "He podido comprobar acá en Colombia y allá en el Ecuador que el sentimiento de los dos pueblos conserva intacta la poderosa atracción inicial de su origen común, sin que se haya modificado sensiblemente por la influencia de las circunstancias políticas que siguieron a la disolución del bloque armónico que constituyó la Gran Colombia".
No debemos dejar que los sucesos recientes de la incursión colombiana al Ecuador para dar de baja a uno de los jefes de las Farc, 'Raúl Reyes', empañen esas buenas relaciones que han caracterizado a nuestras dos naciones. Menos aún que esos incidentes nos lleven a tener experiencias costosas como la acaecida en 1862. Ya los presidentes de ambas naciones Álvaro Uribe y Rafael Correa, llegaron a un buen acuerdo en la reunión de Santo Domingo y la Organización de Estados Americanos tomó las determinaciones del caso para evitar que se repita el traspaso de las fronteras. Recordemos que el bienestar económico y social de los dos países depende de nuestras buenas relaciones políticas y comerciales.
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