Buenas noticias las que aparecieron en los informes Doing Business del Banco Mundial y el de competitividad del Foro Económico Mundial. Sin duda es muy satisfactorio ver que el país está progresando e, incluso, que en algunos frentes asume una posición de liderazgo. Como bien decía el editorial de PORTAFOLIO "esto debe ser motivo para el regocijo, pero no para la complacencia, pues es mucho el camino que todavía falta por recorrer".
Lo importante es comprobar que es factible mejorar y que se puede avanzar de manera significativa en el propósito de simplificar la posibilidad de hacer negocios y en mejorar cosas tan esenciales en el mundo de hoy, como es la conectividad. Como se puede ver de estos informes, especialmente, el publicado por el Banco Mundial, muchos de los avances se han dado en temas que son de sentido común y deberían ser evidentes, aunque paradójicamente por años había sido imposible corregir. Se ha confirmado entonces, que es posible, y lo importante ahora es no bajar la guardia, sino seguir adelante mejorando de manera continua en los diferentes frentes en los que hay tareas por realizar.
Paradójico resulta que, mientras se reconocen los avances y se vislumbra el camino para progresar se presenten al interior nubarrones tan oscuros que hacen pensar en que estamos ante un riesgo alto de retroceso en temas fundamentales.
Muy en particular, la preocupación surge alrededor de nuestra solidez institucional que ha sido la clave para que el país haya podido superar tantos problemas. Hoy, vemos un sistema en el que la separación de poderes y los pesos y contrapesos, piezas clave del sistema democrático, se debilitan y se enfrentan serios peligros de consolidarse el propósito reeleccionista. Pero, más grave aún, la tercera reelección se viene construyendo a la fuerza, plagada de vicios y mirando sólo el muy corto plazo.
Aún suponiendo que Uribe fuera insustituible en lo inmediato, ¿cómo vamos a dejar que el país se monte en un esquema en el que los futuros mandatarios se puedan perpetuar? Aterra pensar lo que puede ocurrir con una clase política como la nuestra, tan entregada de manera prioritaria a sus propios intereses, dedicada sólo a reelegir a quien hayan colocado como protector de sus apetencias.
Modificar las reglas del juego en beneficio propio no puede ser un comportamiento que despierte tranquilidad en los inversionistas ni en los empresarios que quisieran beneficiarse de los avances logrados. Cambiar las reglas de juego por la vía del referendo no deja de ser preocupante, pero lo que si resultaría reprobable es pretender cambiarlas por la vía de los 'micos', como ocurriría si insisten en modificar el censo electoral de esta manera.
Colombia no debe perder el esfuerzo realizado y, menos aún, cuando mucho de él se le debe a Uribe. Él ha sido un presidente con muchos méritos y con unas grandes capacidades. Lo que se requiere ahora es que pueda mirar con actitud de estadista su obra y se dé cuenta que poco favor le haría al país y a sí mismo, insistir en una nueva reelección.
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