El tema del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos sigue siendo materia de especulación, y se oyen teorías que distan mucho de la realidad y confunden a la opinión. Aún entre personas bien informadas se considera, por ejemplo, que el acuerdo para permitir el uso de las bases a militares norteamericanas debería garantizar una pronta aprobación del TLC, o que la actitud de Venezuela y Ecuador nos aseguraría esa aprobación.
De otra parte, el tema se ha mitificado en exceso y se piensa que tener el TLC es suficiente para lograr rápidamente un gran crecimiento de la economía y generar miles de puestos de trabajo.
Empezando por lo último, hay que recordar que, evidentemente, el TLC tiene muchas ventajas para Colombia, especialmente por cuanto hace a la estabilidad en las reglas de juego que es factible lograr al tener la vigilancia del Gobierno y del sector privado de ese país, que estarán pendientes de lo que hagamos o dejemos de hacer, reduciendo el riesgo de que se actúe irresponsablemente, en materia de normas y políticas. Eso puede sonar a intervencionismo, pero al ver los riesgos crecientes de que los gobernantes caigan en la tentación de actuar discrecionalmente mirando sólo el corto plazo, no es mala idea tener un veedor con garrote.
En relación con el comercio de bienes, que es lo que usualmente se tiene en mente, las cosas son diferentes, pues se olvida que la inmensa mayoría de los productos que podemos exportar ya tienen acceso preferencial otorgado por la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas y de Erradicación de Drogas, Atpdea. Por ello, el cambio en las condiciones para nuestras ventas no sería tan significativo y un crecimiento importante en las mismas no se debería registrar sino en el mediano plazo.
También es importante recordar que la aprobación del acuerdo la hace es el Congreso y no el Gobierno. Seguramente en el Departamento de Estado, en el de Defensa, o en el Consejo de Seguridad Nacional se entiende muy bien el argumento de que el acuerdo militar debería complementarse con un acuerdo comercial. Desafortunadamente, quienes aprueban son los miembros del Comité de Medios y Arbitrios en la Cámara y el de Finanzas en el Senado, y allí, con seguridad, tienen otras preocupaciones y otras prioridades en su cabeza. Además, la agenda legislativa de la Administración dista mucho de asignar al Tratado de Libre Comercio con Colombia alguna prioridad.
Sus preocupaciones están alrededor de la reforma al sistema de salud, de la recuperación económica -que si bien va avanzando tiene todavía camino por recorrer- y las consecuencias fiscales de las ayudas representan un reto adicional.
Ahora bien, la presencia norteamericana en Irak y Afganistán supone serias dificultades para el Gobierno. Y, como si esto no fuera poco, como lo pronosticamos hace algunos meses en esta columna, la popularidad de Obama va en descenso y su margen de maniobra político no lo va a gastar en un tema que se sabe es polémico, y que es muy sensible a un grupo muy cercano al Partido Demócrata como es el de los sindicatos. Es mejor, entonces, no hacerse ilusiones por el momento con este tema.
PUBLICIDAD