'Mano de hierro y guante de seda' debe ser la fórmula para el manejo de las relaciones con nuestros vecinos en estas difíciles circunstancias.
No hay duda, tanto en el caso de Chávez como el de Correa, se trata de personalidades muy complejas, impredecibles, inconsecuentes y que no tienen problema en mentir descaradamente para lograr sus propósitos pero, por el otro lado, mal se haría en subestimarlos. Son hábiles, son audaces y tienen carisma.
Han construido, especialmente en el caso de Chávez, una base de apoyo popular muy considerable. Su megalomanía y ansias de poder lo llevan a ponerse metas muy ambiciosas y hay que reconocer que muchas de ellas las está alcanzando. ¿Quién hubiera apostado por la época en que protagonizó su intentona golpista contra Carlos Andrés Pérez, que unos pocos lustros después iba a ser, no sólo el Mandatario de Venezuela, sino que iba a tener la legitimidad que le da el haber ganado muchas elecciones y que, además, habría no sólo modificado la Constitución a su acomodo, sino que estaría dominando todas las ramas del poder y tendría arrinconados a los medios de comunicación? Esto es algo muy dañino para una sociedad, pero refleja también la habilidad que ha tenido para lograr sus objetivos.
Correa, por su parte, es un ser más elemental y, al parecer, más esclavo de sus emociones y resentimientos, pero no es menos cierto, es alguien con apoyo popular que ha logrado construir un discurso anticolombianista que algún resultado le ha dado.
En ambos casos han encontrado que las bravuconadas y la intimidación les funcionan, y tienen al interior de sus países neutralizados con esta actitud a personas y grupos que, en otras circunstancias, hubieran podido constituirse en contrapesos importantes para el manejo de los respectivos países.
Acudir al expediente del enemigo externo siempre da algún resultado, y esto es más productivo cuando corren vientos de izquierda en muchos países de la región, y cuando Estados Unidos, agobiado por sus propios problemas y errores, ha perdido el liderazgo en la región y tienen que dedicar sus esfuerzos y aten- ción a tantos frentes.
La relación con ambos países es, sin duda, de gran relevancia para Colombia y es algo que hay que cuidar y fortalecer. Por eso es tan delicado el reto que hoy se enfrenta, especialmente cuando Uribe es alguien tan 'frentero', es amigo de la confrontación y es tan poco dado a oír consejos.
No sé si la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores tenga mucho que decir, pero no haberla citado da ideas claras de su estilo. El seguir respondiendo por los medios no es el camino más acertado y termina sólo dando pie a nuestros contradictores para escalar sus agresiones.
No se trata tampoco de apaciguar, y con los bravucones no hay peor cosa que mostrar debilidad.
Por ello es que, más que nunca, hay que tener, como decía Barco, "el pulso firme y la mano tendida", para apaciguar los espíritus y buscar caminos de entendimiento y convivencia que reduzcan los riesgos de llegar a situaciones irreversibles.
rvillavecesp@gmail.com
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