La transformación que tuvo Bogotá con Castro, Peñalosa y Mockus tuvo muchas manifestaciones: obras de infraestructura, cambios en el régimen fiscal, saneamiento de las finanzas públicas, gestión administrativa, manejo de las complejidades políticas del Concejo entre otras.
Pero, quizás, la transformación de más fondo, la que permitió el resurgimiento de la ciudad y, a su vez, la que hizo posible todo lo anterior fue la construcción de Cultura Ciudadana. Fue eso lo que permitió el esfuerzo tributario de los bogotanos, lo que llevó a aceptar medidas incómodas, a cuidar las zonas verdes, a recuperar el espacio público etc. Fue ese sentido de pertenencia y de orgullo que se despertó en los habitantes de la ciudad el que presionó para que los políticos no se atrevieran a actuar en contra de la ciudad, como había sido costumbre de muchos. La Cultura Ciudadana permitió a los capitalinos descubrir la importancia del espacio público y valorar lo que su cuidado y crecimiento significaba en materia de inclusión, de convivencia y de tolerancia.
El éxito arrollador de proyectos como el de la Red de Bibliotecas puso de presente la importancia de dar acceso a todos a la cultura, a la información y, sobre todo, al trato digno que ha llevado a que los bogotanos se apropien de estos avances y los defiendan.
Todo esto perdura en la medida en que la administración de la ciudad mantenga este compromiso por construir cultura ciudadana, por privilegiar este tema frente a otros más tangibles, pero más cortoplacistas. El asistencialismo puede, sin duda, proporcionar unos votos o unos aplausos transitorios, pero la cultura ciudadana permite construir ciudad y ciudadanos que harán posible de manera sostenible una ciudad consolidada e incluyente.
Aterra entonces el descuido que la actual Administración capitalina le da a este frente. La ciudad está deteriorándose en materia de seguridad, de movilidad y de condiciones ambientales, pero tan grave o más es lo que se está perdiendo en materia de cultura ciudadana. Ya se ven los carros parqueados donde les viene en gana, el descuido de algunas zonas públicas, la proliferación de vendedores ambulantes; y ese tipo de fenómenos lo que hacen es propiciar el crecimiento de los problemas. Quién sabe si se trata de una concepción errada del Alcalde o de incompetencia para liderar un proceso que ha demostrado su importancia. Lo cierto es, que la situación es preocupante y lo es mucho más cuando se piensa en el efecto de demostración que Bogotá tiene en el resto del país.
Cali , por su parte, a pesar de sus dificultades, finalmente ha logrado poner en marcha el sistema de transporte masivo MIO, y esto puede ser un factor de transformación de mucha trascendencia en la medida en que en paralelo se aproveche esta situación para construir cultura ciudadana. La gente se vuelve receptiva a estos cambios cuando ven que la ciudad está cambiando.
Ojalá vean el riesgo que está teniendo Bogotá, y los gobernantes tomen conciencia de la gran oportunidad que tienen no solo para mejorar a Cali, sino para mostrarle al país que sí se pueden lograr los cambios y se puede construir una mejor ciudad; y ojalá en Bogotá el Alcalde logre entender que si no corrige el rumbo, su Administración va a ser el punto de quiebre para llevar a la ciudad a otra etapa de dificultades.
ricavip@gmail.com.
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