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Ricardo Villaveces

Despistados

En una interesante conferencia del profesor Carlos Marichal del Colegio de México, celebrada en la Universidad de los Andes, mostraba el académico la crisis actual en una perspectiva histórica. Insistía en la necesidad de diferenciar entre las grandes crisis y las crisis moderadas, e indicaba como, desde mediados del siglo XIX a la fecha, se registran claramente tres grandes crisis que no sólo han traído grandes retos y dificultades, sino que han dado origen a nuevas reglas de juego en el sistema financiero mundial. Desde el abandono del patrón oro, al sistema que emergió de Breton Woods.

Las grandes crisis perfectamente identificables cuando se observan las series históricas de diversos indicadores económicos han sido la de los años setenta del siglo XIX, la de de los treinta en el siglo XX y, sin duda, la que hoy se vive. Las cifras son contundentes y sobran los argumentos.

No sería entonces extraño suponer que una de las tantas consecuencias que va a traer lo que está ocurriendo será un replanteamiento del sistema financiero internacional. El remplazo de Breton Woods con todas sus modificaciones será, probablemente, algo que ya se está gestando, y la reunión del G-20 prevista para el próximo mes de abril dará muchos elementos de juicio para entender hacia donde pueden ir las cosas. No sabemos si entre los asistentes se encuentre el Keynes de este siglo, como ocurrió en esa ocasión. Lo que sí es cierto es que si hay algún genio en la sombra que pueda proporcionar luces para el manejo de esta situación va a tener un escenario maravilloso no sólo para destacarse en lo personal, sino para ayudar a salir del atolladero.

La complejidad de lo que se vive está mostrando que son muchos los palos de ciego que se están dando y que estamos lejos de haber encontrado el camino correcto. No es sino ver los esfuerzos de Obama y de su equipo económico que, hasta ahora, están quedando en la retórica, pues los indicadores siguen en caída libre.
Incluso tener a una persona como Bernanke al frente de la Reserva Federal, con la particularidad de haber dedicado parte de su vida a estudiar la Gran Depresión de los treinta, no se ha reflejado en resultados que permitieran pensar que se ha superado el punto de quiebre de la crisis.

Sin duda hacer autopsias resulta más fácil que pronósticos y por ello, esta crisis ya comienza a dejar enseñanzas y más de un experto comienza a presentar análisis cada vez más depurados acerca de lo ocurrido.

Ojalá se tenga la capacidad y la humildad de aprender de estas experiencias pues, seguramente, habrá que cambiar muchas percepciones y paradigmas. Hay que ver, por ejemplo, cómo Greenspan, el zar de la Reserva Federal por tantos años, que con gran arrogancia se consideraba el artífice de la bonanza, hoy se le ve, cada vez con más frecuencia, como uno de los grandes responsables de lo que está ocurriendo.

Sólo los análisis ponderados y mirados con distancia permitirán saber cuál fue la realidad. Lo que es cierto es que hoy estamos lejos de lograr los consensos para definir caminos claros y definidos, y eso sólo retrasa la superación de los problemas.

rvillavecesp@gmail.com

Ricardo Villaveces

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