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Ricardo Villaveces

¡Qué viva la música!

Publicado el 19-01-09

Con el título de la obra de Andrés Caicedo se puede comenzar el año a raíz de la celebración del III Festival Internacional de Música de Cartagena que pone de presente, además, los milagros que logra y que se logran con la música.

Porque no deja de tener mucho de milagro realizar por tercer año consecutivo un evento de tan alto nivel y con una organización tan efectiva. El contenido daría para muchos comentarios y es mejor dejar las anotaciones sobre los intérpretes, los programas y las obras presentadas a los expertos.

Lo que sí puedo afirmar es que el concepto de verdaderos conocedores del tema es muy positivo y no dejan de sorprenderse por lo que supone reunir tan calificados artistas en un programa tan intenso, pues cada uno de los invitados realiza por lo menos cuatro presentaciones de obras de gran calado en el repertorio de la música culta.

Mucho tiene que ver la magia de Cartagena y el desarrollo de la ciudad en el manejo del turismo, además de la calidez que caracteriza a sus gentes.

Obviamente detrás de algo tan complejo tiene que haber personas de carne y hueso que son el alma y el motor del Festival y en este caso esto se le debe a una colombiana que viviendo en el exterior no ha olvidado su patria y ha querido, junto con su esposo, contribuir a su patria. Se trata de Julia Salvi creadora y ejecutora del Festival que ha podido vincular al evento a Charles Wadsworth y al pianista Stephen Prutsman como directores artísticos y, junto con ellos, por su ascendencia en el circuito de los grandes músicos del mundo han hecho posible que nos visiten músicos de tanta calidad.

Más importante aún es ver cómo estos eventos están contribuyendo de manera determinante a que Colombia se perciba, en muchos ámbitos, de una forma completamente distinta.

Muchos de estos grandes artistas, que tienen la posibilidad de departir con los colombianos durante la semana y de compartir sus conocimientos y experiencias no solo con el público de las salas de conciertos, sino con personas de escasos recursos y con gente del común, que ha tenido la posibilidad de escucharlos en el maravilloso escenario de la plaza de San Pedro en estas noches de luna llena, empiezan a entender lo que es el país y, como dice el slogan empiezan a ver que 'el mayor riesgo es quedarse'.

El Festival Internacional de Música es, por el otro lado, el abrebocas de esa Cartagena que se está convirtiendo en punto de encuentro de muchos amantes de la cultura. En un par de semanas comienza el Hay Festival y la literatura se tomará las calles y la gran tertulia que por cuarto año consecutivo se llevará a cabo demostrará, una vez más que, en muchos frentes, el país está cambiando para bien.

Es cierto que estos son casos aislados pero, no es menos cierto, que tienen un efecto demostración muy importante. Replicar estos eventos sin contar con la vieja ciudad de Cartagena es imposible, pero aprovechar las enseñanzas del Festival para promover procesos análogos es factible y, de hecho, ya se oyen diversas iniciativas en esa dirección. ¡Que viva la música, que nos puede ayudar a tener un país cada vez mejor!

rvillavecesp@gmail.com

Ricardo Villaveces

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