Resulta insólito que en un momento en el que el país debería estar dedicando sus energías a prepararse para enfrentar el impacto de la crisis internacional estemos dedicados al melodrama de las pirámides. Es indiscutible que muchas personas se verán afectadas, pero quedan muchas dudas acerca del verdadero alcance del problema, o de si no se ha tratado, en buena medida, de un fenómeno de opinión. Que hubo negligencia de parte de las autoridades es indudable, pero no es menos cierto que quienes decidieron entregar su dinero no son menos responsables.
Aquellos que a los medios les dio por llamar 'inversionistas' y a algunos funcionarios 'ahorradores' en realidad lo que fueron fue apostadores. Apostadores que esperaban premios que quizás para muchos ignorantes podían ser factibles, pero que para cualquiera medianamente informado tendría que haberle resultado por lo menos sospechoso. El nivel de corrupción y de infiltración que habían alcanzado puede explicar la inacción de muchas autoridades, pero lo que es difícil de entender es a personas como el gobernador de Nariño 'haciendo el oso' con su huelga de hambre, en lugar de haberla hecho para pedirle a sus coterráneos que no se dejarán estafar.
Cuando se mira el número de reclamantes que se han registrado surgen muchas dudas. Es cierto que muchos afectados no se presentarán, pero si la dimensión del problema hubiera sido del tamaño de que se ha hablado deberían haber sido muchos más los que estuvieran reclamando. Hablar de 100 o de 200 mil personas claro que es preocupante por el impacto familiar y personal, pero está muy lejos de ser el número de personas que pudiera justificar la dimensión de que se está hablando. ¿Y dónde está la plata? Si la llevaron a paraísos fiscales se compraron dólares y alguien recibió los pesos. Como se ha dicho el efecto macroeconómico no puede ser de gran relevancia. Parece pues que se trata de algo más localizado y puntual que no debería haber dado lugar a la distracción de tantas energías y menos aun al debilitamiento de unas autoridades económicas que han demostrado ser competentes y previsivas.
¿Qué lógica tiene, por ejemplo, dedicarse a anunciar medidas para regular el acceso a la gente de bajos recursos al sector financiero formal como medida para evitar las pirámides? ¿A alguien se le pasa por la cabeza que el que apuesta a una pirámide va a dejar de hacerlo porque no le cobren el 4x1000, o la cuota de manejo de la tarjeta débito? Está bien que se logre una mayor bancarización, pero eso es un tema distinto.
En fin, parar el fenómeno era fundamental, buscar que los apostadores recuperen algo de lo que entregaron puede ser justificable y tomar medidas puntuales en casos críticos también; pero la energía del Gobierno, del Congreso y de los medios deberían enfocarse en la búsqueda de caminos para atenuar, contrarrestar y dar el mejor manejo posible a lo que puede ser de mucho mas relevancia como será el impacto de la crisis económica global.
rvillavecesp@gmail.com
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