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Colombia cuenta con cerca de 114 millones de hectáreas. No obstante, las de vocación agrícola son solo unos 17 millones de hectáreas y de estas solo unas 3,5 millones están dedicadas a la agricultura. De ellas, solo 1,6 millones, aproximadamente (el 1,4 por ciento del total), están en cultivos transitorios que es donde se concentra la mayor parte de la producción de alimentos.
Más grave aún, hace 20 años el área sembrada en cultivos transitorios era un poco mayor que la registrada en la actualidad. ¿Por- qué extrañarnos entonces que Colombia puede ser también víctima de la crisis alimentaria que agobia al mundo?
Lo ocurrido es el resultado de muchos factores y de la acumulación sistemática de errores. Más que culpables, sin embargo, lo importante es tomar conciencia sobre la necesidad de corregir el rumbo para superar tantas falencias.
En primer lugar, es el resultado de la inseguridad y de la violencia que ahuyentaron del campo no solo a los empresarios, sino a los campesinos pero, además, es producto, en los noventa, de una revaluación sostenida en un período de apertura en que muchos no estaban preparados. Es consecuencia del desmonte de políticas tan importantes como las de investigación.
En la agricultura, nadie garantiza que lo que se produce bien en un lado se comporte de manera similar en otra zona. Por eso, es tan importante el desarrollo de variedades, su adaptación, el diseño de prácticas agronómicas a la medida de cada lugar y eso, ¿quién lo está haciendo? Lo que hacen algunos privados es muy importante, pero insuficiente.
El país necesita conocer a fondo cada una de las zonas aptas para la agricultura, que no son muchas, y pueden tener diferencias muy marcadas. Eso no se improvisa. Se hace con recursos y con investigación.
Con los Sistemas de Información Geográfica, por ejemplo, los avances pueden ser formidables, pero se requiere buena información que hoy existe solo de manera parcial.
Se necesita infraestructura de transporte de verdad para hacer competitiva nuestra producción. Eso para no hablar de cosas como redes de frío, centros de acopio, organizaciones de alquiler de maquinaria, entre otras.
Nada de lo anterior, sin embargo, tiene posibilidades de éxito si no se cuenta con el motor para que esto funcione y eso son los empresarios.
Por cuenta de todos los males anteriores y, muy en particular, de la inseguridad, el campo dejó de ser opción no solo profesional para los jóvenes, sino alternativa para los inversionistas.
Los avances en seguridad y la coyuntura de los mercados están atrayendo gente a considerar de nuevo al campo como una opción.
El problema es que empiezan a encontrar el resultado de tantos años de abandono: no hay profesionales de alto nivel, no hay infraestructura, el parque de maquinaria es en buena medida obsoleto y por más recursos y decisión política que hubiera, la investigación tomará un buen tiempo en mostrar sus resultados.
El riesgo, entonces, de ser víctimas en la crisis alimentaria es real y lo que tenemos que hacer es recuperar cuanto antes el tiempo perdido.
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