EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS
portafolio.com.co / opinión / columnistas / Ricardo Villaveces
Días alucinantes en términos de noticias, los que acabamos de vivir los colombianos. Fueron tantas cosas las que ocurrieron, que necesitaremos un buen tiempo para digerir plenamente no solo lo que ocurrió, sino sus consecuencias.
Los golpes propinados a las Farc, las marchas del 6 de marzo, la crisis diplomática, los impactos en la economía, las repercusiones en los Estados Unidos. El rechazo de los ciudadanos de los tres países a los enfrentamientos de los gobiernos, o el impacto que puede alcanzar entre éstos iniciativas como la del concierto de Juanes; el sainete de las rupturas diplomáticas por 24 horas; el reality de la sesión de Santo Domingo. En fin, innumerables temas que habrá que entender, analizar y aprovechar.
El Gobierno, sin duda, tendrá mucha tela de donde cortar. Gran tema, por ejemplo, debería ser el del manejo de la política exterior y el de las relaciones diplomáticas. Ya es hora de que se valore adecuadamente el papel del cuerpo diplomático y se designe a los más apropiados para representar al país, no solo en las capitales donde se presentan los problemas inmediatos, sino en países tan importantes como Brasil, Argentina y Chile, relevantes no solo por su peso específico, sino por que deberían ser objetivo político y comercial del Gobierno colombiano para balancear el riesgo aislacionista de que estamos siendo objeto en la región.
El reto no es solo para los gobiernos, sino que debe ocupar también la atención de los empresarios. Es cierto que la crisis inmediata se superó, pero no es menos cierto que dejó en evidencia las profundas diferencias que existen con países que son mercados tan importantes para Colombia, como Venezuela y Ecuador. Se puede pensar que todo quedó atrás y que el comercio seguirá incrementándose, como lo planteó Chávez. Ojalá sea así.
Sin embargo, quedó de presente la vulnerabilidad de estos mercados cuando los gobiernos son, en el mejor de los casos, simpatizantes de quienes han venido tratando de destruir a Colombia y, en el peor de los escenarios, parte activa de una estrategia dirigida contra el país. Oír, por ejemplo, la presentación que hizo el senador Vargas Lleras en el Congreso acerca de la forma sistemática como se viene preparando a la oficialidad venezolana con los llamados 'juegos de guerra Guaicaipuro', hace pensar que estamos muy lejos de haber eliminado los riesgos en nuestra relación con ese país.
De elemental prudencia resulta entonces, definir políticas empresariales de diversificación de mercados que eviten la concentración excesiva de las ventas a países que, en cualquier momento, pueden volver a dejar en vilo el comercio.
¿Qué decir de Ecuador, con un presidente que insiste en que se perdió la confianza, y todo indica que tiene una actitud que dista mucho de poder ser considerado como el presidente de un gobierno amigo?
Los abrazos de Santo Domingo nos dieron un tiempo. Hay que aprovecharlo y esforzarse, como nunca, en conseguir nuevos mercados y fortalecer nuestras relaciones con los demás países de la región, que pueden ser de vital ayuda en momentos de futuras dificultades.
PUBLICIDAD