Publicidad

Portafolio.com.co

EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS

Recordar clave

Por favor, escriba la dirección de correo electrónico con la cual se registró.



Patrocinado por:

portafolio.com.co / opinión / columnistas / Ricardo Villaveces

  • Opine
  • Imprimir
  • Enviar
  • Tamaño del texto

Anterior 13 de 16 en ColumnistasSiguiente

Ricardo Villaveces

Un día para recordar

Ríos de tinta se han escrito acerca de las marchas del 4 de febrero. Sin embargo, resulta muy difícil no referirse de nuevo a ellas. Entre otras cosas, porque para los millones de colombianos que tuvimos el privilegio de participar en ellas, será un acontecimiento difícil de olvidar. Inolvidables por sus dimensiones, pero también porque a ellas acudieron colombianos de todas las regiones, todas las condiciones sociales y todos los géneros y edades. Inolvidables por la espontaneidad con que se acudió y por el ejemplar comportamiento. No es sencillo predecir sus consecuencias, pero sin duda, representan un punto de quiebre en la historia nacional. Fue evidente que los colombianos de manera espontánea han construido un consenso alrededor del repudio a las Farc y al secuestro. Muchas podrán ser las interpretaciones que se le quieran dar a lo ocurrido, pero por encima de todo, estos mensajes se manifestaron de forma contundente.

Su carácter público y multitudinario dice, de otra parte, que los colombianos estamos superando el miedo para expresarnos alrededor de estos temas y eso es un logro inmenso. Quiere decir que estamos recuperando la libertad. Es paradójico que sea precisamente por cuenta de los secuestrados que los colombianos estemos recuperando lo que habíamos perdido por cuenta de la intimidación. Tampoco podemos perder el sentido de las proporciones, y hay que entender que el camino que viene es largo y no estará exento de muchas frustraciones. Sin embargo, estas marchas tendrán un impacto significativo en los años por venir.
Hay que aprovechar también sus enseñanzas, pues entre otras, permitieron calibrar a muchos personajes públicos. Es bastante claro, por ejemplo, que las responsabilidades les han quedado grandes a muchos que presumen de dirigentes, y quizás uno de los casos más patéticos ha sido el de buena parte de los del Polo encabezados por el señor Gaviria. Simultáneamente, fue la oportunidad para otros, como Petro, que mostró estar mucho más sintonizado con el sentir nacional y que se puede perfilar como un político con mucho futuro. Qué triste el oportunismo de la U, las actitudes asumidas por la familia de Ingrid y los comités que dicen buscar su liberación, o la actitud casi enfermiza de la senadora Córdoba calificando como "las marchas del odio" al espectáculo de civismo y unidad nacional que vivimos los colombianos. Qué esperanzador, por su parte, el papel cada vez más preponderante que la juventud asume.

Qué buena oportunidad para constatar hasta dónde puede llegar la manipulación de los medios de información cuando quieren construir opinión, desconociendo la realidad al mentir descaradamente sobre lo ocurrido, como pasa con Telesur, el canal de televisión auspiciado por Chávez, que trata, de manera sostenida, de torcer la realidad con sus informaciones parcializadas y mentirosas.

En fin, todavía falta mucho por digerir para entender lo sucedido y sus consecuencias; pero no hay duda, se trató de algo que llegó a los corazones de los colombianos y puede tener importantes y muy positivas consecuencias en la construcción de la Colombia del siglo XXI.

Ricardo Villaveces

Anuncios Google