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Ricardo Santamaría

Paz entre los hijos

Publicado el 16-10-09

Me conmovió profundamente el encuentro que protagonizaron los hijos de Rodrigo Lara Bonilla y Pablo Escobar Gaviria, video que se transmitió en la televisión colombiana, en una nota periodística hace pocos días.

El encuentro está lleno de simbolismos. Ambos llevan el nombre de sus padres. Juan Pablo el hijo del capo, Rodrigo el del Ministro de Justicia. Están sentados conversando en un parque y uno de ellos dice "no podemos continuar con esta ola de rencor". Se abrazan. "Ambos estamos huérfanos", le dice uno al otro. Es el punto de encuentro de estos dos seres humanos a quienes se les nota su soledad pero, también, su fortaleza y valentía.

Sin duda, un momento de reconciliación, de aceptación. Al final una frase: "el pasado es duro, pero lo importante es mirar para el futuro... Pa'lante hermano...".

En esta cita de dos hombres maduros, hechos y derechos, plenamente conscientes de sus familias, de su pasado, se encuentra la semilla de la paz de Colombia. Como hemos visto tantas veces a lo largo de nuestra historia, la paz no la imponen los fusiles. El fin de un conflicto en el que no hay perdón y reconciliación, marca el origen del siguiente.

Por eso hoy es fundamental el proceso de Verdad, Justicia y Reparación. Y el de reconocimiento de las víctimas del conflicto. Hacerlas visibles, entender su dolor, apoyarlos. El uso de las armas y el poder militar y policial en cabeza del Estado es legítimo y necesario. Hay que proteger a las personas del crimen, el terrorismo y los abusos; y defender la democracia y las libertades.

Pero la política de seguridad por sí sola no traerá la paz. Ayuda a construirla, pero es necesario el siguiente paso: la reconciliación.
Lo que hicieron Bonilla y Escobar fue ponerle fin al odio. Cada uno fue capaz de ponerse en los zapatos del otro para reconocer ambas tragedias. Que tienen algo en común: los dos son huérfanos de la violencia. Cada cual se hizo responsable de su vida, de su pasado y de su presente y en un acto que los enaltece, decidieron superar el miedo y mirar hacia adelante con optimismo. Su ejemplo nos inspira y tiene la capacidad de inspirar a toda la nación.

El encuentro se produjo hace un año, y la grabación competa del mismo, hace parte de un documental de un director de cine argentino, Los pecados de mi padre, cuyo protagonista es el hijo de Escobar. Según dicen, será estrenado próximamente en un festival internacional.

Una reflexión final: ahora que han tomando tanta fuerza en el país los temas de Responsabilidad Social Empresarial y las compañías grandes, medianas y pequeñas, dedican una parte de sus utilidades a financiar programas de carácter social, educativo o ambiental, podrían pensar en apoyar, prioritariamente, proyectos que involucren víctimas de la violencia. No hay mejor manera de contribuir a la reconciliación nacional.

Detrás del fenómeno de los desplazados en Colombia -casi cuatro millones de compatriotas- que se constituye en la crisis humanitaria más grave del Hemisferio Occidental, lo que hay son seres humanos víctimas de la violencia. Familias enteras arrancadas de sus parcelas por la violencia, que engrosan los cinturones de pobreza y marginalidad de las ciudades.

Hay que iniciar una gran cruzada nacional que se denomine 'Después de la guerra', y que involucre los esfuerzos conjuntos del Estado y el sector privado. Este es el siguiente paso de la Seguridad Democrática.

rsantamaria@gravitascomunicaciones.com

Ricardo Santamaría

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