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Ricardo Santamaría

Arrancó la campaña política

 Es un privilegio de la juventud vivir la vida con pasión. Echar para adelante o devolverse. Frenar y volver a empezar. La decisión tomada por la joven senadora Gina Parody de retirarse del Congreso, del Partido de la U y de tomar distancia del Gobierno, es refrescante en un país donde muchos políticos tienen alma de burócratas y contratistas. Parody mostró coherencia entre lo que piensa y lo que hace.

Pero el punto de fondo de este incidente es otro y se refiere al liderazgo del presidente Uribe. Su primera reelección, a pesar de que muchos colombianos no la apoyamos, tuvo una idea clara: el esfuerzo de la Seguridad Democrática está a medio camino. Si se detiene, fracasamos en este objetivo supremo.

Y la mayoría de los ciudadanos entusiasmados dijeron sí. Había confianza y el derrotero estaba claro. Jóvenes, viejos, hombres, mujeres, ricos y pobres respaldaron a Uribe para que tuviera un segundo mandato. Una mayoría contundente en las urnas.
En cambio hoy prima la confusión. Una confusión creada por el Presidente que no ha sido claro. Nadie sabe si quiere o no una nueva reelección. Digamos que si: ¿Para qué la quiere? ¿Cuál es el mensaje hoy? ¿La Seguridad Democrática? ¿La confianza inversionista?

El resultado de esta confusión es doble. Por un lado, el Presidente desperdicia tiempo y fuerza para concentrarse en lo que prometió, en terminar la tarea de la Seguridad Democrática y en entregar un país confiado y fortalecido. Y segundo, reventó por dentro la coalición política que lo llevó al poder. Su partido, el Partido de la U y la mayoría de los que aún lo acompañan, no tienen norte ni liderazgo.

Uribe está en un escenario difícil. Sus posibles sucesores desconfiados y peleando entre sí. Y la acción de Gobierno, dispersa. Mejor haría si se concentrara en gobernar lo que le resta de mandato con sentido estratégico, pensando en resultados y legado. Y propiciara al interior de su coalición un proceso de unidad y reglas de juego aceptadas por todos para definir el candidato a la presidencia.

Desde hace 6 años no se hacen reformas importantes en Colombia. Reformas políticas que modernicen y fortalezcan nuestras instituciones, nuestros partidos, nuestros órganos de control. Una sociedad que renuncia a mejorar y perfeccionar sus instituciones regularmente, es una sociedad expuesta a que se la tome la corrupción, el clientelismo, la politiquería.

La reelección acabó con los balances de poder, esenciales en cualquier democracia; y hoy en los órganos de control, en las altas cortes de justicia, en el Banco de la República, en la Comisión de Televisión, mandan los amigos del Gobierno. Este solo tema amerita una reforma de fondo.

Quedó al descubierto, por lo menos en la película grande de para dónde va el país, que un discurso y una política de seguridad a la cual todo se subordina, hoy es insuficiente. Y es un discurso insuficiente, sobre todo pensando en el futuro. Este es el tema de fondo.

Con o sin Uribe de candidato, el tema central de esta campaña que ya asoma la cabeza es cuál es la visión de país postseguridad democrática que se impondrá. ¿Cual será el nuevo mascarón de proa de este barco llamado Colombia?

A diferencia de la pasada coyuntura electoral, donde lo único que faltaba era 'cambiar un articulito de la Constitución' en esta, aún con Uribe de candidato, lo que se viene es una contienda abierta y competida de ideas y posiciones. Y como están las cosas, cualquiera puede ganar. Cualquiera que esté pensando con visión de futuro.

rsantamaria@gravitascomunicaciones.com

Ricardo Santamaría

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