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El elefante y la estaca

Publicado el 03-09-08

Cuando niño los circos me producían una profunda tristeza. Aún hoy. Sobre todo por los animales. Eran circos pobres.

Desvencijados. Recuerdo un elefante dando círculos y círculos mientras sobre su lomo un payaso hacía malabares y otro al trote, invariablemente, los recogía. Giraba y giraba como un inmenso planeta con una única órbita, cuyo sol era una minúscula estaca de madera a la que le habían amarrado un lazo cuyo otro extremo colgaba de la pechera de colores de fantasía del adormilado mamífero. De vez en cuando, gritaba en el aire el látigo del payaso de a pie, a quien en más de una ocasión tuve ganas de que el elefante pisoteara contra la arena.

No podía imaginar que esa imagen tan melancólica que a veces me vuelve a visitar, me serviría, décadas después, como una poderosa fuente de inspiración pedagógica. ¿Cómo es posible que un animal con semejante peso, y semejante fuerza, no desguace con un pequeño movimiento de su cuello al casi invisible centro que lo tiene preso? ¿Cómo es posible, me pregunto ahora, que repita su dibujo una y otra vez apenas cambiando de sentido cuando el látigo se lo ordena?

La respuesta es simple: porque lo han domesticado. Desde cuando era pequeño con seguridad lo habrán amarrado a la estaca, y ahora que es grande y tiene el tamaño suficiente para valerse por sí mismo ya es demasiado tarde. Y si lo llegara hacer es probable que todo termine en tragedia. Domesticar quiere decir, en buen romance, volver dócil a alguien o a algo, cambiarle, de algún modo, su naturaleza.

Nadie sin cometer un juicio de valor hasta cierto punto de vista injusto e irrespetuoso, podría desconocer que el sector educativo en nuestro país no se ha sacudido a sí mismo muchas veces a fuerza de preguntas poderosas y puntiagudas reflexiones. Hay conciencia de muchas cosas en las que antes apenas si se mencionaban. La pertinencia del plan de estudios con los contextos circundantes, la necesidad de establecer currículos organizados en ciclos y conjuntos de grados, la búsqueda de mejores y más justos sistemas de evaluación, la actualización y formación permanentes del cuerpo docente, la perenne pregunta de qué enseñar y cómo, que es igual a decir de qué enamorar y cuándo, la necesidad de lo transversal, la indagación por los estándares disciplinares; en fin, que el sector en su conjunto, como se dice coloquialmente, se ha 'pellizcado'. Sólo que yo creo que no lo suficiente. Y que seguimos como el elefante haciendo círculos perfectos. Quizás alrededor de nuevos centros, de nuevas estacas. Pero al fin y al cabo vueltas y más vueltas.

mcdecano@gimnasiomoderno.edu.co

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