No es comprensible que sigan algunos aventurados analistas definiendo la actual devaluación del dólar americano como coyuntural y menos aún, cuando algunas mesas de respetables entidades financieras se ufanan prediciendo recuperaciones inminentes del dólar desde el mismo inicio de la fuerte escalada del peso colombiano y demás monedas en el 2003, y ahora apoyados en el costoso y superficial efecto de los últimos días por las compras programadas por el Banco de la República.
Pero lo coyuntural trascendió a lo estructural desde hace 5 años, cuando la economía americana desnudó su verdadera situación fiscal, económica y política conjurando su alta dependencia en los sofisticados mercados financieros y en los estructurados movimientos de capital que irrigan altos niveles de especulación, que superan los límites tolerables respecto de sus propias realidades productivas.
Como Inglaterra, E.U. viene perdiendo su protagonismo productivo mundial, alcanzado durante la primera mitad del siglo pasado y que lo hizo eje económico ineludible, y ahora creyendo tener el control de la producción transfronteriza, de los servicios y la tecnología y cediendo espacios directivos en importantes transnacionales a partir de ofertas tan irresistibles como aquella presentada a Anheuser Busch, por parte de la multinacional dirigida por un ejecutivo originario de Brasil, el señor Alves de Brito, viene dando paso a nuevos protagonistas mas eficientes.
Si bien la alta dependencia comercial y política con E.U nos permite dinamizar aún mas la economía colombiana, la transición mundial que observamos en tiempo real y el 31,1% de nuestro comercio exterior con dicho país, debería hacer replantear al Banrepública la exagerada concentración de las inversiones de las reservas internacionales en solo dólares, desconociendo tercamente los lineamientos de la Ley 9 de 1991.
Realizando un cálculo simple de las pérdidas por la devaluación americana frente al euro, la desvalorización de nuestras reservas internacionales podría superar los $2,6 billones, y eso es un mensaje muy claro del problema en el que estamos inmersos con el manejo de nuestras reservas internacionales y las escasas coberturas en derivados para dichas inversiones.
Dados los efectos conocidos con esta devaluación y el actual contexto internacional es necesario dejar totalmente atrás las recriminaciones mutuas entre nuestro Banco Central y Gobierno Nacional frente al reto de plantear fórmulas que mitiguen dicho efecto, pero a partir de nuevas propuestas que superen las actuales discusiones bizantinas de tasa de interés, ingreso de capitales de portafolio e inversión directa, encajes, intervenciones costosas, depósitos y gasto público, obviamente sin desconocer que este último ha sido el que mayor efecto en la inflación y revaluación nos genera. Pero, ¿Cuáles pueden ser esas propuestas que superen los actuales paradigmas y que muy pocos se atreven a sugerir?
Pues, son aquellas que debemos construir a partir de lo clásico del mercantilismo, son aquellas fórmulas que debemos concebir para el inevitable proceso de transición de los medios de pago a otras monedas y activos mucho más transables en economías menos deficitarias que la americana, teniendo en cuenta la verdadera originación del capital y de las unidades productivas de la misma forma como lo vienen haciendo otros países que ya superan la obligada referenciación y tránsito de los pagos internacionales por E.U.
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