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Cuentas serias

Publicado el 11-06-08

Que un grupo sindical exprese sus dudas frente a las cifras de inflación con las cuales se reajusta el incremento al salario mínimo, no es nada nuevo. Pero que un organismo internacional como el Fondo Monetario Internacional cuestione en uno de sus informes la veracidad de cifras inflacionarias reveladas por el Instituto Nacional de Estadística de Argentina, es un verdadero escándalo.

El problema es más grave de lo que muchos pensarían, ya que las diferencias entre las cifras del Gobierno y el sector privado son grandes: el pasado mes de marzo el primero anunció una inflación de 1,5 por ciento, en tanto que el segundo estimó que la cifra fue entre el 3,5 y el 4 por ciento.

Argentina no está sola en esta nueva crisis de gobernabilidad. Venezuela también sufre fuertes críticas de parte de firmas independientes sobre sus cifras de desempleo e inflación, y por el cambio en las metodologías de medición que mandan al traste el seguimiento histórico de estos indicadores.

Colombia tampoco sale bien librada de esta crisis estadística, pues las más recientes cifras de crecimiento económico, de crecimiento en las exportaciones (especialmente a Venezuela), de reducción del desempleo y del número de turistas, llegaron acompañadas de tantas dudas que ministros y presidentes de asociaciones han tenido que salir a defender los resultados.

Recordemos las críticas que Jean Claude Bessudo, presidente de Aviatur, hizo a las cifras oficiales del DAS y Proexport sobre turismo extranjero y de cómo el ministro Luis Guillermo Plata salió a defenderlas; o las constantes dudas sobre el desempleo y la producción industrial que son prácticamente avaladas o corregidas por Luis Carlos Villegas, de la Andi. Estas afanosas defensas de las cifras no son más que el síntoma de la erosión a la credibilidad institucional que viene creciendo en el país.

Mi gran preocupación es que en la medida en que se pierde la credibilidad a las cifras por parte de los ciudadanos, los empresarios y los inversionistas, se le abre un espacio de participación cada vez mayor a las organizaciones poco estructuradas que, en vez de informar, opinan y desinforman con intereses políticos. Mientras tanto, se dispara la incertidumbre y la confusión.

Por eso, antes de que sea tarde, es fundamental que el Gobierno tome medidas para devolverle la credibilidad a entidades generadoras de cifras, especialmente el Dane. Para ello, debe borrar el manto de dudas que generó la renuncia de los dos últimos directores de esta institución en medio de rumores de presión por mejores resultados; y manejar una unidad de acción que demuestre su confianza en los resultados generados por esta institución.

Entre tanto, yo aún sueño con un departamento estadístico, con una estructura similar a la del Banco de la República, a prueba de dudas.

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