Ahora que el tema de las drogas volvió a la agenda pública internacional por cuenta de los ex presidentes Fernando Cardoso, Ernesto Zedillo y César Gaviria, y su Comisión de Alto Nivel sobre Drogas y Democracia, sería bueno considerar todas las opciones incluyendo la de su legalización definitiva.
La corrupción, la violencia y la impunidad se alimentan desde hace años de ese combustible y el principio de la corresponsabilidad de los Estados Unidos para combatir este flagelo, se ha quedado en la retórica.
Colombia ha dado pasos atrás desde que suspendió la fumigación aérea y se dedicó exclusivamente a la erradicación manual. El entusiasmo de quienes creen en la lucha contra las drogas llega solo hasta la frontera con Venezuela, donde -digámoslo con franqueza- no existen restricciones para el tráfico de estupefacientes.
Pero las nuevas realidades internacionales deberían reabrir el debate sobre la legalización. Aunque ya ha hecho mucho la política de Seguridad Democrática dando de baja, capturando o extraditando cabecillas lo mismo que desmovilizando a miles de soldados ilegales, la única manera de derrotar el crimen organizado y evitar que se rearmen será eliminando la fuente económica que aún los mantiene y que, dicho sea de paso, no va a ser acabada nunca por la vía represiva.
Ni siquiera las buenas relaciones con Estados Unidos deberían inquietarnos. Ya nos disminuyeron el paquete de ayuda del Plan Colombia. Si el próximo presidente es demócrata y si las mayorías de ese partido se mantienen en el Congreso, como en efecto ocurrirá por un buen tiempo, nos podemos ir olvidando del TLC.
Además, si lo que les preocupa a los 'gringos' son los derechos de los sindicalistas, habrá que advertirles que es con el dinero del narcotráfico con el que se asesinan todos ellos. Ese mismo dinero sirve también para garantizar impunidad, comprar conciencias, jueces y hasta congresistas de la República. ¿No entenderán que nada mejor para terminar tantos crímenes juntos que acabándoles el negocio y quebrándolos económicamente?
Si la excusa para no legalizar es que nuestros jóvenes se echarán a perder, déjenme decirles que ya se están perdiendo gracias al discurso de la simple prohibición y a las pocas campañas realistas que existen en los colegios y universidades. Según recientes estadísticas, siete de cada diez personas que consumen drogas tienen menos de 20 años. Tengo la seguridad de que tanto dinero invertido en contener lo incontenible, podría dedicarse mejor a planes de prevención bien estructurados.
Para rematar, la famosa dosis personal se ha convertido en una rendija delincuencial que le resta coherencia a la lucha antidrogas.
Insisto: ahora que nos enfrentamos a nuevas dinámicas y que el tema está siendo revaluado, nos llegó la hora de pensar en serio si en la legalización se encuentra la solución.
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