El viernes 16 de octubre se celebró el día mundial de la alimentación, pero más bien debería ser el día mundial del hambre, dado el notable incremento de la población que carece de alimentos suficientes e inocuos para sobrevivir, mil millones según la FAO; quien en reciente foro de expertos 'Cómo Alimentar al mundo en el 2050' se rescata la necesidad de un tratamiento más estructural frente al cambio climático y al papel de los pequeños productores agropecuarios como estrategia de seguridad alimentaria.
Cada año, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), comúnmente llamado el club de los países ricos, invierten aproximadamente el 27 por ciento del valor de su presupuesto militar en apoyo a la agricultura de los países pobres.
Esto, aunque es insuficiente es entendible ante la actual crisis económica mundial, pero debe recordarse que la agricultura familiar es el 45 por ciento de la población mundial.
El hambre en América Latina, pero particularmente en Colombia, tiene una interpretación errada, se piensa que al haber superávit de alimentos, nuestro país no tiene problemas de seguridad alimentaria, cuando el incoveniente es de ingresos de las familias pobres y en niveles de miseria, a tal punto que sólo el 90 por ciento de la población desplazada de Colombia sufren problemas de seguridad alimentaria, que es tan bien referida a la suficiencia de ingesta de carbohidratos y proteínas mínimas recomendadas por el ICBF.
El Fondo para la infancia de la ONU (Unicef), reconoció en junio pasado que uno de cada ocho niños en Colombia padece desnutrición crónica, y que cada día mueren 14 por esta causa. En sólo Bogotá, alrededor del 13 por ciento de los niños entre 0-4 años tienen retraso en el crecimiento por deficiente alimentación, y es según la Secretaría Distrital de Integración Social en las localidades de Bosa y Rafael Uribe, donde se concentran los mayores problemas de desnutrición.
Nuestra política de seguridad alimentaria no se subsana pidiéndoles a los compatriotas que suban el consumo per cápita de carne de 17kg. en 2 ó 3 Kg. más; ni que consuman cinco raciones diarias de frutas y hortalizas como lo plantea la CCI, o un vaso más de leche. Estudios recientes realizados por varias universidades en Bogotá desde el 2006, revelan que tres de cada cuatro hogares de donde provienen los escolares en la ciudad, tienen problemas de nutrición y un 29 por ciento sufre de hambre.
Es necesario reflexionar hasta dónde el problema del hambre en Colombia es también un problema de mercado, y cómo un pueblo que presume de su patriotismo y compromiso social no empieza definiendo las causas profundas de la seguridad alimentaria desde el acceso a las proteínas y vitaminas naturales para que no sea una barrera a la soberanía alimentaria, es decir, a la capacidad de producir, distribuir y consumir nuestros propios alimentos.
En cumbre de gobernadores a finales del 2008 se solicitó al Gobierno Nacional el Plan Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutrición 2008-2017, no porque el Conpes 113 fuese malo, sino porque buscaban una sostenibilidad de largo plazo en un tema que es de seguridad nacional en cualquier pueblo consciente de su supervivencia.
willvillegas@gmail.com
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