Dice el principio de conservación de energía que ésta no se crea ni se destruye, sólo se transforma; no obstante, el agotamiento proyectado del suministro de este recurso, aunado con el riesgo de revivir episodios de racionamiento, plantean un debate que debe materializarse en planeación de largo plazo e innovación tecnológica en el mercado, como política de estado, ambiciosa y deliberada.
La producción y el consumo de energía en el planeta han estado sujetas durante los últimos años a diferentes presiones de diferente origen, tales como disminución de reservas tradicionales, escalada de precios en época de crisis y cambio climático, entre otras, cuyos efectos han dejado entredicho la vulnerabilidad a la que estamos expuestos, en términos de sustentabilidad y sostenibilidad, debido a la fuerte dependencia y concentración poco diversificada de la matriz energética que a nivel mundial, según cifras de la Agencia Internacional de Energía, es de origen no renovable, pues del total apenas un 10% proviene de combustibles renovables y residuos sólidos (biomasa), un 2% es hidroeléctrico, y cerca del 1% proviene de otras fuentes, como solar y eólica.
En el caso colombiano, si bien la experiencia de comienzos de los 90 derivó en reformas estructurales en el marco regulatorio e institucional que han fortalecido el sistema, fundamentalmente en torno a la fuente hidráulica que cubre cerca del 80% de la generación eléctrica, durante las últimas semanas se ha abierto el debate respecto a la posibilidad de un nuevo racionamiento como consecuencia de la baja en los niveles de reserva de los embalses; adicionalmente, se han desarrollado eventos no planificados ni debidamente comunicados de racionamiento en el suministro de gas, afectando la confiabilidad y competitividad de este sustituto y los sectores que asumieron la reconversión.
Queda evidenciado entonces un huevo en el sistema, cuyas causas son relevantes y donde podemos tomar medidas para el futuro. Para empezar, es claro la necesidad de tener planes eficaces para situaciones de emergencia, ante escenarios de riesgo como la sequía de los estragos del fenómeno del 'Niño', escasez en el suministro y oscilaciones del precio, pues aunque en el corto y medio plazo habrá disponibilidad de estos recursos, estos serán más caros a pesar de que los precios mundiales de petróleo y gas se hayan estabilizado actualmente posterior a la burbuja que reventó con la crisis.
Para el mediano y largo plazo es inminente complementar las políticas orientadas a neutralizar las principales barreras para que no se desarrollen las energías alternativas, complementarias y sustitutas, de manera que se promueva el desarrollo de infraestructura y productos a través de múltiples líneas de acción, con criterios de eficiencia energética e incorporando energías renovables no convencionales, pues aunque hay esfuerzos para adaptar tecnología no hay innovación de facto en torno a la materialización de una cultura comercial para el aprovechamiento de los beneficios y su canalización al consumidor.
El tema es fundamental para el país, pues la energía será el centro de debate para la integración regional en el futuro, y podemos liderarla, ejemplar y constructivamente.
gevargas@gmail.com
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