Entre el 7 y el 18 de diciembre, Copenhague (Dinamarca) será el escenario de más avances y compromisos contra el cambio climático. Luego del tibio inicio de Kyoto en el 97, ya la fuerza de las circunstancias impone nuevas decisiones.
Como en cualquier reunión de las Naciones Unidas, en esta en particular, Colombia estará representada por negociadores del Gobierno (Ministerio e Ideam), para discutir, asumir y compartir experiencias en cuanto al tema, y para exponer los resultados de la Segunda Comunicación Nacional sobre Cambio Climático, una tarea juiciosa de nuestras instituciones para adaptar, mitigar y educar, entre otros aspectos, sobre esa insostenible alteración ambiental.
Este compromiso colombiano se está desarrollando cada día más, pese a ser un panorama que pareciera ajeno, distante, en medio de tantos otros retos y discusiones a las necesidades del país. Pero ojo, Colombia podrá ser un 'pequeño' jugador en tierra de gigantes en el escenario danés... Pero sí vale reflexionar que en los países en desarrollo, como este, es donde están los bosques, la Amazonia, la biodiversidad, los recursos, y a donde ya se dirigen miradas de interés desde los países desarrollados.
Yvo Boer, secretario de la ONU para la Convención sobre Cambio Climático, cabeza de la reunión, está esperanzado que en Copenhague se llegue por lo menos a una de cuatro cuestiones: el compromiso de los países industrializados, la voluntad de reducción de China e India; cómo se administrará el dinero de los planes de ajuste, y, uno en particular desde nuestra óptica, el cómo será la ayuda para los países en vías de desarrollo.
Hoy, el primer interés está en reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), pero, como ya se ha dicho, el planeta no lo heredamos de nuestros antepasados, lo debemos para las generaciones futuras y, en ese orden de ideas, debería haber prioridades mejor establecidas para el futuro crecimiento de las naciones no desarrolladas o en transición.
Y ahí vienen las preguntas, entonces, sobre cómo debe crecer un país como el nuestro...
Ahí nacen los 'cómos' colombianos para alcanzar el equilibrio entre las necesidades de industrialización y el desarrollo sostenible: cómo, con qué reglas ambientales promover una inversión privada con responsabilidad social. Cómo desarrollar el agro y las gigantes inversiones para sacarlo de su retraso estructural, social y empresarial. Cómo y con qué marco de sostenibilidad trabajar sobre el necesario desarrollo de la minería carbonífera o aurífera; cómo estimular la fuerte industria textil con sus calderas... y todo esto, siendo sostenibles.
Desarrollo sostenible: el termino se conoce desde mediados de los 80 (World Conservation Strategy e Informe Brudland) y nació de expertos en medios ambiente, pero hoy es frase común en el sector industrial global. Pero ahí, como en Copenhague, todo aún se sigue reduciendo a naciones y sectores. En la sola ONU, hay 30 organizaciones trabajando por cambio climático o sus efectos.
En Colombia es difícil encontrar estadísticas del sector privado en cuanto a reducciones de emisiones o cumplimiento de Carbon Disclosure. Se destacan los proyectos MDL (Mecanismo de Desarrollo Limpio), que impulsa el Ministerio de Ambiente y su oficina de Cambio Climático. Hoy, el país es el cuarto de América Latina y el número 11 en el mundo en proyectos registrados ante la ONU. Igual sucede con los planes de adaptación que trabaja el Ideam.
Por eso, seguimos con preguntas sobre lo que hace la ciudadanía. Dónde estamos, dónde están nuestras acciones, compromisos asumidos, experiencias compartidas. Dónde, de forma supuestamente 'aislada', nos vinculamos para que la suma de todos se convierta en realidad.
En esto del cambio climático todo es un 'efecto mariposa', lo que se planee desde los Estados, desde las multinacionales, desde las pymes y desde cada uno de nosotros como individuos tiene consecuencias. El pacto de Conpenhague, es también su pacto y el mío.
PUBLICIDAD