La coordinación de la política fiscal y monetaria siempre ha sido clave para mantener el equilibrio entre crecimiento económico y control de la inflación.
Por eso, es frecuente que entre Gobierno y Banco de la República se lancen la pelota para determinar a cuál le corresponde actuar con gasto fiscal o tasas de interés, respectivamente, con el fin de propiciar la estabilidad económica de acuerdo al contexto macroeconómico del momento.
Los últimos datos de inflación publicados por el Dane, hacen suponer que la inflación de fin de año estará por debajo de la meta del Emisor, si la tendencia del comportamiento de los precios se mantiene. En los últimos ocho meses ésta ha caído de manera consecutiva y la acumulada de los últimos doce meses se ubicó en 3,28 por ciento, 122 puntos básicos por debajo del piso de la meta del banco central.
En un contexto de demanda interna fuerte y altas expectativas de consumo, mientras el Banco suele pedirle prudencia al Gobierno con el gasto fiscal para evitar una subida de precios y cumplir su meta de inflación, por otro lado, hace su tarea aumentando las tasas de interés y regulando así el nivel de liquidez.
Por el contrario, ante una situación de contracción como la actual, la economía necesitaría una mezcla de política monetaria y fiscal expansivas. No obstante, por el lado fiscal, el margen del Gobierno cada vez es más reducido dada la situación de déficit, ocasionado por el excesivo gasto de años anteriores, y la escasez de crédito externo.
A pesar del importante margen entre el piso de la meta para este año y la inflación observada, parecería poco probable que el Banco de la República decida una nueva reducción de tasas tan pronto.
En primer lugar, el efecto de una modificación de tasas de interés sobre la variación de los precios no es inmediato, lo que implica que una reducción de tasas en los próximos meses, tendría un impacto casi nulo sobre lo que queda de inflación de este año y más bien afectaría con mayor fuerza la del próximo año.
Dado este efecto rezagado de la política monetaria, se hace relevante considerar el comportamiento de la inflación futura. La última encuesta de expectativas de inflación publicada en el mes de julio por el banco central, revela que las principales entidades financieras esperan una inflación promedio de 4,5 por ciento para el 2010, mientras que la meta de la autoridad monetaria para el mismo año, es de 4 por ciento.
Estos datos mostrarían un margen en contra de la meta de inflación del próximo año y por tanto, debería esperarse que al menos el Emisor mantuviera el nivel actual de las tasas de interés, contrario a lo que podría indicar en principio el escenario actual de baja inflación.
Así por el momento, mientras se mantendría mayor incertidumbre sobre una nueva intervención del banco central sobre las tasas de interés, la tarea de conservar la inflación baja se está cumpliendo y esa es en sí, una noticia alentadora.
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