¿Cuánto es el poder de la crisis económica mundial desatada en los países de ingresos altos?, ¿cuántos son los efectos de la reducción en la producción y en los niveles de comercio internacional?, ¿qué hace que sea importante volcar los recursos financieros, científico-tecnológicos y políticos hacia la construcción de una alternativa global que signifique la salida al negativo panorama económico que se consolidó en el 2008, y que sea un modelo que funcione como garantía de no repetición?, ¿será que podrá calcularse alguna vez el real impacto de esta crisis en el desarrollo integral de la humanidad?
Con la crisis, el ingreso y el empleo han disminuido en los países desarrollados como E. U., y asimismo en economías emergentes. Estas últimas se ven afectadas: el comercio con naciones de ingreso alto se ha reducido, el desempleo aumenta y las remesas bajan, porque los emigrantes pierden sus puestos de trabajo o se les reduce el salario. Estos factores son la conexión intermedia entre la crisis económica y el aumento del hambre en los países en desarrollo.
Según los últimos datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), a la mitad de este año se alcanzará una cifra récord en el número de personas que sufren de hambre en el mundo; 1.020 millones, esto es alrededor de 100 millones más el año anterior. Para la FAO, en Asia y el Pacífico hay unos 642 millones de personas padeciendo hambre, 265 en África subsahariana, 53 millones en América Latina y el Caribe, 42 millones en África del norte y Oriente Medio, y 15 millones en los países desarrollados. Sólo el 1,4% son de regiones de ingreso alto.
La buena alimentación es un factor determinante para el desarrollo físico y mental, así que una situación de este tipo es infinitamente problemática para los países de ingreso medio y bajo, en tanto que genera un impacto negativo en lo social y económico; aproximadamente 1.002 millones de personas del mundo en vía de desarrollo tienen una condición poco saludable, por lo que su aporte a la comunidad, como miembro, agente cultural, político y económico será mínimo.
Mientras transcurre el 2009 se hacen ostensibles los golpes de la crisis en los países en vía de desarrollo. Ahora es necesario que los gobiernos y los organismos internacionales reaccionen con medidas exclusivas para detener el aumento del hambre; con asistencia técnica, financiación de proyectos productivos y de programas para la nutrición de la infancia. Indispensable esto, más cuando sus secuelas se extienden a través del tiempo y las generaciones, haciendo que se aleje la llegada de un progreso sostenido en las economías que se beneficiaron con la coyuntura económica de principios de siglo.
PUBLICIDAD