Ahora entiendo por qué el Gobierno no ha querido aceptar que nuestra economía atraviesa un proceso de recesión. Lo que buscan es convencer a los colombianos, de manera mediática y politiquera, que la caída de precios que se avecina y el posible cumplimiento de la meta del 5 por ciento de inflación, después de haber incumplido por más de dos años la misma, son debido a la imperceptible, pero según ellos demoledora política de choque, que hoy todavía es un secreto.
La verdad es que después de todo proceso de recesión empieza una caída natural de precios en los productos, generada no propiamente por la ínfima disminución del valor del combustible o el incremento de la producción, sino por todo lo contrario: desaceleración de la demanda interna, disminución del consumo de energía, aumento en los inventarios y caída de la balanza comercial, entre muchos otros temas que ocasionan una espiral negativa; donde al no haber compradores los productores tienen que bajar el precio para vender. Esto conlleva a una disminución en la demanda laboral paralela al fenómeno de restricción de la demanda agregada, desembocando así en el proceso inverso que se denomina deflación.
Es otra jugada maquiavélica querer adueñarse de un resultado que hace parte de la evolución corriente de la economía, pero además, maquillarlo ante los medios como un síntoma positivo cuando a mediano plazo es nefasto y peligroso para los hogares colombianos. No hay peor situación que tener los productos a bajo precio, pero sin la posibilidad de adquirirlos, por no tener el ingreso necesario o por el creciente desempleo, reconocido en el 12,1 por ciento por el Dane, cifra inferior a la real, ya que no se tiene en cuenta al trabajador informal.
Hoy en Europa, más exactamente en España, se está padeciendo este fenómeno económico, que la ha llevado a tener un crecimiento negativo en los precios, acompañado por un desempleo superior al 21 por ciento, debido a la desaceleración económica y a la hecatombe de la balanza comercial del país y de la región, por la crisis internacional financiera.
Frente a este panorama nuestros rectores de la economía deben efectuar una real política de choque para agilizar la demanda agregada, donde se abandonen la repartición de subsidios o de exenciones sin crear empleos y evitar que este proceso de espiral negativo se vuelva inmanejable.
No sigan jugando con el día a día de los colombianos a través de comunicados electoreros que desinforman nuestra realidad económica, por el contrario, lo que tenemos es que crear conciencia en la ciudadanía para enfrentar el desarrollo de la crisis, la descentralización de la inversión y la ejecución del gasto público, para no volver a sufrir un crecimiento desmedido de la pobreza y del desempleo, perdiendo lo que se ha ganado con la Seguridad Democrática.
Adicionalmente, es grave que Colombia actualmente esté perdiendo la confianza, pues ha disminuido no sólo la inversión externa, sino lo que resulta peor, la inversión interna cae en mayor proporción, paralizando el sector real. Cumplir una meta del 5 por ciento de inflación no es para aplaudir, lo sería si simultáneamente cayera el desempleo. Como vemos es otro triunfo pírrico.
Por lo anterior, volveré a presentar la reforma que modifica las funciones del Banco de la República, para que no sólo velen por el control de la inflación, sino que sus políticas monetarias y cambiarias propendan simultáneamente por el crecimiento económico y la generación de empleo; tal como ordenan las sentencias de la Corte Constitucional, hoy más que nunca violadas.
Por eso, como dicen por ahí, 'este muerto no lo carga la oposición, que lo cargue el que lo mató'.
sanchezca42@hotmail.com
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