El video de la muerte el sábado pasado de Neda Agha-Soltan, una iraní de 26 años víctima de un disparo durante las protestas poselectorales en Irán, le ha dado la vuelta al mundo. Neda se ha convertido en el símbolo de las manifestaciones de decenas de miles de iraníes contra el probable fraude electoral del régimen de Mahmund Ahmadineyad. Ese video de 40 segundos, que nos ha dejado fríos y perturbados, no habría llegado a la televisión de no haber sido por la Internet, el e-mail y redes sociales como Twitter, Facebook, YouTube y Flickr. Al igual que esa escena, en la última semana han circulado en la web miles de videos, fotografías y mensajes que revelan el alcance de las protestas, a pesar de que Irán es uno de los regímenes que posee los mecanismos más sofisticados para controlar las comunicaciones y censurar la Internet. Estamos hablando de un país donde esta semana los periodistas han sido expulsados o encarcelados, y el acceso a Internet y la telefonía fuertemente restringidos. Presenciamos un mano a mano histórico entre la censura y las redes sociales en Internet, batalla que por ahora ganan Twitter y sus aliadas digitales. "Esta es la primera revolución que ha sido catapultada al escenario global y transformado por las redes sociales", dijo en una entrevista Clay Shirky, el conocido autor y profesor de comunicaciones digitales de la Universidad de Nueva York. Por fortuna un buen número de iraníes tienen estas tecnologías a la mano (23 de 65 millones de iraníes tienen acceso a Internet, según Internet World Stats). De lo contrario no nos hubiéramos enterado del triste acontecer en las calles de Teherán. Sin embargo, las redes sociales y la Internet todavía no tienen el mismo alcance en los países latinoamericanos que más las necesitan. En Cuba, el acceso a Internet y a los teléfonos celulares sigue siendo muy limitado. Solamente 1.3 millones de cubanos tiene acceso a una Internet diluida (Intranet al estilo chino y correo electrónico) y de esos sólo 230,000 pueden acceder a lo que conocemos como Internet. Apenas se conoce de unos 20 blogueros disidentes. De 11 millones de cubanos, apenas medio millón tiene teléfono celular, considerado un lujo. En Venezuela, las redes sociales aún no juegan un papel clave. Dos medios tradicionales, la televisión y la radio, mandan la parada, cada vez bajo mayor control del Gobierno de Chávez, que compra o lanza nuevos canales, o multa o cierra aquellos que le estorban. De 26 millones de habitantes, sólo 6.7 millones tienen acceso a Internet. Y de esos, apenas 1.5 millones está en Facebook, según cifras de Insidefacebook.com de octubre pasado. El uso de Twitter es aún más incipiente. Sitios web independientes de video y comentarios editados, como Vetu.tv o Venetubo.com, aún no pellizcan a Chávez. Llegará el día, sin embargo, cuando las redes sociales derroten a los Castro y los Chávez latinoamericanos, así como Twitter puso a tambalear a Ahmadineyad.
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