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Levantada (parte de) la cortina de humo

Publicado el 19-06-09

Dieciocho proyectos de ley hundidos. De ese tamaño es el poder del lobby de la industria tabacalera, que según las cuentas del Instituto Nacional de Cancerología, logró bloquear los intentos de legislar sobre la venta y consumo de cigarrillos durante más de 15 años.

Parte de la cortina de humo fue levantada esta semana, cuando por fin el Senado aprobó la Ley antitabaco, sin los 'micos' que un grupo de Representantes a la Cámara pretendía meterle.

Que el cigarrillo mata y le sale caro a toda la sociedad está fuera de cuestión, pero la industria tabacalera se las ingenia para confundir, sugiriendo que los costos asociados al cigarrillo están compensados por los beneficios económicos que los países extraen del cultivo, la producción y las exportaciones de tabaco.

Eso no es verdad. De acuerdo con el Banco Mundial, en varios países -entre ellos Colombia, el número de personas empleadas en la manufactura de cigarrillos ha caído dramáticamente debido a la introducción de nuevas tecnologías, como la capacidad de fabricar más cigarrillos con menos tabaco.

Aunque es un sector intensivo en empleo, el cultivo del tabaco representa apenas el 13 por ciento en la cadena de valor del cigarrillo, lo que hace aún más injustificable que Colombia proteja una industria que en otras partes del mundo tiene cada vez menos tolerancia social.

Muy distinto es el caso de China, el ejemplo que tengo a la mano.
El país asiático cultiva un tercio del tabaco y fabrica una tercera parte de los cigarrillos que se consumen en el mundo. Más de 30 millones de sus habitantes están asociados al sector que desde 1987 ha sido una importante fuente de ingresos del Gobierno: se calcula que entre el 8 y el 10 por ciento de los ingresos tributarios de China provienen de la venta de cigarrillos.

Hay casos como el de la ciudad de Yuxi en el sur del país, en donde la producción de tabaco representa más de la mitad del Producto Interno Bruto, y los impuestos que genera son tres cuartas partes de todo lo recaudado.

La dependencia del cigarrillo que tienen las finanzas gubernamentales chinas es tal, que no sólo las autoridades locales obligan a los campesinos a plantar tabaco, sino que el Gobierno Central instruye a sus funcionarios para que compren cigarrillos con dineros públicos, so pena de ser multados.

Como la industria del tabaco en China es un rentable monopolio oficial, cualquier iniciativa que busca el control de la venta y consumo de cigarrillos es recibida con escepticismo y adoptada a medias.

Aún así, de vez en cuando surgen propuestas para que se aumenten los impuestos al cigarrillo y se percibe cada vez más conciencia entre la población y el propio gobierno, de los enormes costos que representa para ese país el hábito de fumar.

El de China es un caso extremo que ejemplifica el dilema al que se enfrentan los gobiernos: cumplir con el deber moral de proteger a la sociedad de los efectos del tabaco, aunque para hacerlo tenga que desincentivar una industria que genera empleos, recaudación y en algunos casos hasta divisas.

Yo entiendo el dilema, pero el tabaco no representa para Colombia lo que para el gigante asiático. Sólo hay un lado correcto en esta historia y los senadores colombianos parecen haberlo entendido así. 


adrilarotta@yahoo.com

Adriana La Rotta / Periodista-Hong Kong

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