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En el día del trabajo: seguro de desempleo

El mundo enfrenta una profunda depresión económica que se expande viralmente de país en país. Es un virus que destruye empleos, arrebata viviendas, genera pobreza y desestabiliza gobiernos. Basta mirar a España. Allí el número de desempleados ya llega a 4 millones y, al final del año, se estima que sean 5 millones. Es decir, en ese país casi 4 mil personas están perdiendo su puesto de trabajo diariamente. Y lo mismo sucede en muchos otros países que antes parecían inmunes a la enfermedad.

Colombia no es inmune al virus. Esto, por supuesto, exige que la agenda económica del Gobierno esté centrada en la creación de miles y miles de fuentes de ingreso y empleo para las familias colombianas. Pero no podemos olvidar a quienes ya tienen un puesto de trabajo y temen perderlo por esta crisis. El solo temor erosiona la confianza de estas personas y los precipita a dejar de consumir, con lo cual se detiene aún más el aparato productivo y se pierden más puestos de trabajo. Un círculo vicioso de pérdida de confianza del consumidor que se debe romper rápidamente.

Una herramienta para hacerlo es un seguro de desempleo. En efecto, perder el puesto de trabajo en la empresa donde se labora es un siniestro que podría ser amparable por las compañías de aseguramiento. Si ocurre el siniestro porque, por ejemplo, la empresa en donde la personaba trabajaba cierra debido a una caída en las ventas al resto del mundo, el seguro se activa y la compañía de aseguramiento se encarga de pagar a la persona una compensación mensual durante cierto período de tiempo. Esto protege al desempleado, mientras encuentra otra fuente de ingreso pero, además, restaura sentimiento de confianza en las familias que dependen de un empleo para sobrevivir.

Este tipo de seguros es viable si se cumplen algunas condiciones. Lo primero es que debe ser obligatorio. De lo contrario habría selección adversa y solo lo tomarían quienes tienen mayor riesgo de perder su puesto de trabajo. En esas condiciones ninguna compañía aseguradora entraría al proyecto.

Lo segundo es que el seguro no debe tener riesgo moral. Esto es, evitar que los trabajadores asegurados disminuyan su rendimiento y busquen quedar desempleados. Ello se logra si la compensación mensual del seguro no excede el salario original, tiene límite en el tiempo, se paga únicamente cuando el retiro es sin justa causa y se condiciona a un período mínimo de cotización.

Lo tercero es que el seguro sea financiable. La diferencia entre un subsidio y un seguro al desempleo es que por éste se paga y por aquel no. Lo que se paga es una prima de aseguramiento como en cualquier otro seguro. La colección de primas es lo que permite a las compañías aseguradoras aglutinar el riesgo y pagar los siniestros.

Supongamos un seguro de desempleo para 2 millones de trabajadores con ingreso inferior a 2 salarios mínimos. Si la compensación es del 50 por ciento sobre el salario original y por un período máximo de 6 meses (con supuestos plausibles sobre tasa y frecuencia de desempleo), las primas del seguro costarían 250.000 millones de pesos por año: 10.000 pesos mensuales por cada trabajador asegurado.

En esta coyuntura no podemos erosionar la capacidad de consumo de los trabajadores, ni lesionar la capacidad de generación de empleo de los empresarios. Por ello, las primas del seguro no pueden pagarse ni con cargo al trabajador, ni con cargas parafiscales adicionales. Una posibilidad es que se financien con parte de los aportes a las cajas de compensación, con un gran esfuerzo de eficiencia por parte de ellas, y/o con aportes públicos.

La crisis mundial exige proteger mucho más las fuentes de ingreso y de confianza de las familias colombianas. Un paso en esa dirección se da implementando este seguro de desempleo. Varios países ya lo tienen y Colombia también lo puede tener. Sería una buena nueva para los trabajadores colombianos en el Día del Trabajo.

ANDRÉS FELIPE ARIAS / Ex ministro de Agricultura

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