En un reciente viaje a una importante feria ganadera en el Brasil, tuve la oportunidad de apreciar, cómo importantes empresarios de este país, comienzan a invertir en el sector primario de la economía al verse amenazados por la que puede ser una de las peores recesiones económicas del planeta.
Se ha disparado la compra de tierras para siembra y cría de animales; los ganaderos tradicionales han crecido sus hatos, muchos empresarios han empezado a cambiar paulatinamente su negocio y están incursionando en el campo, uno de los sectores más fuertes de este país suramericano.
En estados ganaderos como Mato Grosso y Minas Gerais, pude apreciar esta dinámica empresarial. Se realizan grandes negocios de ganado, se compran lotes de vacas receptoras para embriones, se comercializan grandes extensiones de tierra para siembra de caña de azúcar, maíz y producir alcohol carburante.
Para no ir muy lejos, Colombia ha sido uno de los países beneficiados con alianzas colombo-brasileñas en temas ganaderos ante el interés de este país en adquirir nuestra genética cebuína, considerada como una de las mejores del mundo.
Brasil se ha convertido en un buen ejemplo de cómo prever y minimizar los efectos de una recesión que ha puesto en aprietos -con su efecto dominó- las economías más fuertes del planeta. El campo se ha convertido en una excelente alternativa de inversión palpable y real.
Esto es claro, el futuro está en producir comida en trabajar la tierra y cuidarla y más aún, cuando se percibe una crisis mundial de alimentos. Pensemos en Colombia, un país tropical que nos brinda todas las posibilidades de producción agrícola y pecuaria; la riqueza está ahí, es real no es un intangible.
Vemos con gran satisfacción el renacer de muchas regiones que en alguna época fueron improductivas por situaciones adversas, pero hoy generan confianza entre inversionistas nacionales e internacionales, algunas muy cerca de la frontera.
El mundo demanda alimentos. Nuestros vecinos necesitan carne y nosotros contamos con ella y de la mejor calidad. Somos un país con vocación agropecuaria y es la oportunidad de tornar esta difícil coyuntura económica en una gran plataforma para invertir, planear y buscar nuevos mercados. Seria equivocado sacar estos recursos del país hacia empresas que algún día rentaron, pero que hoy generan desconfianza por su falta de solidez.
Hay que estar preparados para enfrentar, con inteligencia, las consabidas crisis. Invito a los empresarios a creer en lo nuestro, a hacer de Colombia un país grande, a volver los ojos al campo sin vacilación, porque es aquí donde existe un real y sólido potencial económico.
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