En estos tiempos en los que el lugar común de los discursos es la crisis económica mundial, en los que se discute sobre la estabilidad de América Latina ante los golpes del panorama mundial, es imposible no pensar en los millones de latinoamericanos que trabajan en el exterior, que con honestidad, esfuerzo y dedicación han contribuido con sus remesas a aumentar la demanda interna, al ser sus dineros una fuente de financiación para los hogares, que disminuyen la pobreza en tanto proveen recursos para que sus familiares accedan a la educación, a salud y vivienda digna. Y como si fuera poco, según publicaciones del Banco Mundial, las remesas representan el 64 por ciento de la inversión extranjera directa que llega a la región.
Estos beneficios justifican la importancia de los puestos laborales que tiene Latinoamérica en el exterior, quienes ausentes podrían ser un fuerte factor desestabilizador para nuestras economías, porque en tiempos de bajo crecimiento han servido de amortiguadores en los países receptores.
En las actuales condiciones la amenaza del desempleo ronda a aquellos que trabajan en el extranjero, tras ella está el peligro del crecimiento en los indicadores de pobreza. El informe del 2008 sobre Remesas y Desarrollo afirma que los migrantes de países como México, El Salvador y Paraguay pertenecen a hogares pobres; hogares que poseen un bajo nivel educativo, para quienes es vital los recursos que les llegan de fuera. Los migrantes suramericanos tienen más opciones laborales debido a su nivel de educación; un 24 por ciento de los migrantes de los países andinos posee educación terciaria y un 30 por ciento para otros países del sur del continente, mientras que el porcentaje para los mexicanos es solo del 4 por ciento, el 7 por ciento para los centroamericanos y el 13 por ciento para los caribeños.
Según cifras de la CAN, en las remesas que envían los bolivianos, colombianos y ecuatorianos al territorio de la comunidad se perciben leves comportamientos desfavorables, pero todavía nada extremadamente alarmante. Las remesas crecieron 5,2 por ciento en el tercer trimestre del 2008 respecto del trimestre anterior, y un 4 por ciento respecto del mismo periodo del año 2007. Pero al parecer, los envíos desde Estados Unidos y España presentaron una disminución del 3 por ciento; los dos principales destinos de los migrantes latinoamericanos.
El argumento de las consecuencias adversas es suficiente para persuadir a los gobernantes de la urgencia de idear mecanismos para maximizar los beneficios de los más de US$61.000 millones que envían desde el extranjero los trabajadores latinoamericanos.
Sería importante hacerlo con prontitud cuando se prevé su probable disminución, aunque América Latina y el Caribe siguen siendo el principal destino de remesas del mundo en desarrollo, estás ya no presentan el crecimiento anual del 19 por ciento que venía desde el 2000; en el 2007 bajó al 7 por ciento.
Junto a esto, y aunque parezca excesivo, no está de más pensar en diseñar planes de choque para un posible regreso masivo de los migrantes a sus países de origen, ante los niveles de pérdida de empleos que registra Estados Unidos y España.
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