La crisis de la economía mundial infortunadamente parece que va a durar más de lo inicialmente previsto. De acuerdo con algunos analistas, la economía mundial podría no recuperarse antes del 2011.
De ser esto cierto ¿que implicación tendrá en el tipo de políticas anticíclicas que diseñe el Gobierno? Claramente en un horizonte más largo, la situación fiscal se hará más estrecha y los márgenes de maniobra del Gobierno, ya de por sí pequeños, se esfumarán.
Por ello, en este escenario sería equivocado constituir como eje de la política gasto público dirigido a subsidiar la demanda, pues los resultados serían en este contexto de crisis prolongada más bien efímeros. Por ello, los estímulos a la demanda deben jugar un papel complementario respecto a los programas de gasto público que vayan dirigidos a mejorar la productividad de la economía, lo cual abarata la oferta de bienes y servicios y hace viable aumentos reales permanentes de la demanda.
Un par de ejemplos ilustrativos. Yo buscaría mejorar los cierres financieros de las concesiones en construcción para pasar de construir 75 kilómetros anuales de doble calzadas a al menos 300 kilómetros. Hoy, las carreteras se construyen con un aporte del Gobierno y recaudos de peajes. Si se facilitará un esquema de colocación de bonos por parte de los concesionarios que facilite fondos para acelerar el ritmo de las obras, además de generar más actividad económica se estaría mejorando sustancialmente la competitividad del país. Para ello, se puede pensar en un esquema como el de Chile de garantías estatales parciales a estos bonos para que se facilite su colocación entre inversionistas institucionales. A esto hay que agregarle un proceso más expédito para la aprobación de la emisión de estos bonos, ajustar su tipo de valoración en los portafolios de acuerdo con la permanencia de la inversión y la eliminación del 4 x 1.000 en la operación de compra de estos bonos que encarece su emisión.
Otro ejemplo. El subsidio a la cuota de pago de las deudas por vivienda utilizando los recursos del Fondo de Estabilización Hipotecario puede promover la venta de unas 25.000 viviendas adicionales en el segmento medio. Estos recursos se pueden utilizar fácilmente en un año. Usando un pensamiento sistémico (que la solución de hoy no sea el problema de mañana), se podría aconsejar complementar la figura anterior usando la figura del leasing habitacional para promover la VIS, lo cual requiere que el subsidio de vivienda pueda cobrarse aún cuando el inmueble solo se registre en cabeza del beneficiario al final de término del leasing. Esto evita la necesidad de cuotas iniciales altas y facilita que se genere más demanda agregada en muchas familias que tienen flujos de ingresos, pero montos bajos ahorrados para una cuota inicial. También hay que abaratar el precio de las viviendas impulsando la salida al mercado de terrenos para VIS que están muy escasos en las grandes ciudades y reducir los costos y tiempos de trámite de licencias por la vía de ventanillas únicas y el uso de figuras como silencio administrativo positivo. Otras acciones urgentes es la mejora en las competencias laborales y uso de prefabricados que en países como México redujeron sustancialmente el costo de la viviendas sociales.
En resumen, una política que solo subsidia la demanda o los créditos normalmente no mejora la productividad de los sectores. Por ello, si vamos a usar recursos fiscales ojalá también sea para promover progresos permanentes en productividad como acelerar la construcción de infraestructura o abaratar la construcción de vivienda. Lo demás, una vez se agoten los recursos de los créditos subsidiados deja unos cuantos favorecidos y un impacto efímero en la economía. Esta es una excelente coyuntura para realizar acciones que de todas maneras requiere la economía para acrecentar su productividad y competitividad en medio de una crisis que solo es superada en su severidad por la de los años treinta.
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