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Reintegrados

Publicado el 17-03-09

Hacía mucho que no escuchaba de un funcionario público afirmar que el verdadero problema de la oficina a su cargo no es el dinero.

Tiene razón. Sobre todo si se trata del Alto Consejero Presidencial para la Reintegración.

Me gustó oírle decir al Consejero Pearl que el problema está en otra parte. El dinero es importante por supuesto. Pero no es el fondo del problema. Los empresarios privados, si bien interpreto sus palabras, tienen en el banco de tiempo, los contratos de aprendizaje, los planes de negocio y de empleo, mecanismos valiosos para sumarse al esfuerzo que lidera, en términos de responsabilidad social. No sólo por las miles de personas que se están reintegrando desde los grupos armados a la sociedad. Es por ellos mismos. Para que el boomerang no se devuelva.

Hasta ese momento la reunión, a pesar de que algunas de las cosas que se decían eran interesantes, era más bien una reunión predecible y convencional. No lo digo peyorativamente. Es que eso era.

Sin embargo, en el orden del día le correspondió el turno a un reintegrado. Su dicción y su sintaxis me sacaron al instante del comedor en el que estaba y me llevaron muy lejos de allí. A los campos y a las sabanas y a las montañas de este país que es uno y muchos al mismo tiempo. En unos tres o cuatro minutos, nos ofreció una fértil y condensada cátedra de Historia de Colombia, que antes que un testimonio, era la prueba irrefutable de que lo que hace a un hombre es su idea del universo y no los números que lo estudian.

Me llamo Álvaro Pérez. Tengo cincuenta años. Estuve seis años en la guerrilla. Nunca estudie ni tomé cursos de nada. Nací como aprendido. Siempre me gustaron las confecciones y mirando y mirando aprendí a hacer chaquetas. Al principio hacía una al día.

Luego dos y después tres. Siempre fui de izquierda. Nunca voté ni nada de esas cosas. Me gustaba la Unión Patriótica. Y los apoyaba. Nada más.

Después me quebré como tres veces y unos primos me dijeron que en la guerrilla necesitaban un sastre. Y me fui con ellos. Les hacía los camuflados, las carpas, todo. Y como era tan bueno me dejaban moverme por donde fuera.

Hasta que me fui aburriendo. Me di cuenta que no tenía libertad. Y me volé. Con otros diez. Me jarté que me dijeran que el fusil era mi mamá. Y el programa me ayudó a organizarme, a legalizarme, a administrar bien el taller, a hacer las cuentas bien y a pagarle a la Dian. Por eso, les pido que nos ayuden. Porque somos gente común y corriente.

Cuando Álvaro terminó nos había dicho una cosa sin decirla. Quizás sin que él mismo a ciencia cierta la supiera muy bien. Sólo bastaba saber leer las entrelíneas de sus palabras.

Para mí, Álvaro nos había dicho que la verdadera reintegración no es sólo con oportunidades de trabajo y capacitación y perfiles laborales y todo lo demás. Eso está muy bien y ayuda mucho.

Pero no lo es todo. Ni lo más importante. Es apenas el derecho al trabajo.

La verdadera reintegración es la posibilidad real de inclusión política en una sociedad plural y multiforme. Integrar no es sólo dar un trabajo. Es valorar las diferencias ideológicas. No sólo tolerarlas.

Tal vez a eso se refería el Consejero cuando decía que el dinero no era el problema. Que ese se conseguía. Lo otro es más escaso.

jcbayona@gimnasiomoderno.edu.co

JUAN CARLOS BAYONA V. Rector Gimnasio Moderno

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