Evaluar el estado actual de la economía china es casi un ejercicio de adivinación. Con indicadores apuntando en diferentes direcciones y pronósticos que cambian según el día, no creo que haya nadie que esté viendo el bosque claramente en medio de tantos árboles.
En febrero, las exportaciones chinas cayeron 25,7 por ciento con respecto al mismo mes del año pasado, lo cual es congruente con las noticias de cierres masivos de fábricas en la cuenca del río Perla, de donde sale un tercio de las exportaciones del país.
"Las cosas están muy difíciles. Es la crisis más grave que recuerdo", me dijo esta semana Cliff Rosenberg, quien desde hace 32 años diseña y fabrica juguetes en China para clientes como Disney y Mattel.
Suponiendo que Rosenberg es la regla y no la excepción entre el empresariado de China, las perspectivas son asustadoras, porque el volumen de órdenes de su compañía, Rosco Toys, es una quinta parte de lo que sería normalmente en esta época del año.
Además de las exportaciones, las importaciones cayeron 43 por ciento en enero y 24 por ciento en febrero. Como mitad de lo que China compra afuera se procesa y se vuelve a reexportar, eso sólo quiere decir que seguirá habiendo malas noticias en materia comercial, al menos en los próximos meses.
Pero las exportaciones son sólo una parte de la historia. Las inversiones en activos fijos como autopistas y viviendas que crecieron en enero y febrero 26,5 por ciento, son la otra parte.
El programa de estímulo que está siendo implementado por el Gobierno está empezando a surtir efecto y hay indicios de que el desplome en las exportaciones podría ser compensado por un aumento en el consumo doméstico.
A eso hay que sumarle que los bancos chinos -que no tienen los problemas de liquidez de sus pares en Estados Unidos y Europa- prestaron en febrero cuatro veces lo que habían prestado el año pasado, para empezar a creer que hay razones genuinas para el optimismo.
El problema es que por estos días en China, por cada indicador positivo hay uno negativo. Las ventas de carros, por ejemplo, crecieron en febrero 25 por ciento, el mayor aumento registrado en el último año y medio. Mientras tanto, el índice de precios al consumidor cayó por primera vez desde el 2002, dibujando en el horizonte la amenaza de una deflación.
Si tuviera que ver el bosque y no sólo los árboles, diría que la economía china se sigue deteriorando, pero tal vez a un ritmo menos acelerado que hace un par de meses.
Si me atrevo a ser optimista, al menos en el largo plazo, es porque los signos de recuperación que se observan son un resultado de las decisiones de política del Gobierno y en ese sentido Beijing tiene todavía mucho margen de maniobra.
En otras palabras, no creo que el Gobierno esté a punto de anunciar otro paquete de ayuda como el de noviembre, pero tampoco dudo que lo haría si fuera necesario.
Aun así, anticipo que los indicadores negativos se seguirán sucediendo. Las dimensiones reales de la recesión mundial no han acabado de llegar a este lado del mundo y parecería que las cosas van a empeorar antes de empezar a mejorar.
adrilarotta@yahoo.com
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