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Instituciones para la productividad

Publicado el 09-03-09

El Premio Nobel Douglas North en sus trabajos de historia económica, señala que la diferencia entre permanecer, de un lado, en la trampa de la improductividad, la baja inversión y el desempleo y posicionarse, de otro lado, en altos niveles de productividad, eficiencia y crecimiento sostenido, tiene que ver fundamentalmente con la fortaleza de las instituciones. Son ellas, según sus hallazgos, las que "definen y limitan el conjunto de elecciones de los individuos", pero al mismo tiempo son ellas las que orientan el marco de los acuerdos y las conductas cooperativas para impulsar el desarrollo.

Colombia presenta hoy una productividad cinco veces menor que la de Estados Unidos, una tasa de desempleo del 14,2 por ciento y una expectativa de crecimiento inferior al 2 por ciento para el presente año. Por eso mismo preocupa que por estos días, los partidos que se mueven en el péndulo de la política nacional, parezcan más interesados en sus conciliábulos internos para mantener vigencia electoral, que en un gran debate sobre el destino de las instituciones del país, más allá de los logros obtenidos por la Seguridad Democrática. Según los indicadores del Foro Económico Mundial, los costos del crimen y la violencia nos siguen relegando en los comparativos de la gestión institucional, pero a ello también contribuyen -y así lo evidencia este mismo organismo- aspectos como la percepción de favoritismo en algunas decisiones de funcionarios gubernamentales, las tareas pendientes en los sistemas de auditoría y rendición de cuentas, así como la débil protección de los derechos de propiedad intelectual.

Al realizar un balance en materia de institucionalidad para la competitividad en Colombia durante los últimos 15 años, es posible inferir que en el país existe un 'círculo vicioso' en las iniciativas que se deben adelantar para mejorar la productividad. Dicho círculo se ve reflejado en diferentes iniciativas que no han sido estables en el tiempo y que cambian de acuerdo a los mandatarios de turno o, en el mejor de los casos, responden al estilo personal de algún ministro o de un alto consejero. La decisión del Gobierno Nacional de modificar el aparato institucional destinado a la promoción de la competitividad del país y reasignar las funciones entre diferentes entes gubernamentales, consolida este 'círculo vicioso' y deja a la nación -y sobre todo a sus regiones- con dos interrogantes en torno a la viabilidad de la política: ¿por qué después de 15 años de estrategias, el país no ha logrado construir una política de Estado en materia de competitividad y productividad?¿cómo explicar que después de estos 15 años los factores identificados como limitantes clave sigan siendo prácticamente los mismos?
La respuesta a estos interrogantes sólo es posible abordarla de manera rigurosa a través del trabajo conjunto entre los sectores público, privado y académico. Este esfuerzo debería estar acompañado de un diálogo nacional amplio y democrático, con la activa participación de los actores territoriales, que hoy de nuevo claman por una interlocución de alto nivel con el Gobierno Central, para impulsar sus apuestas productivas y sus agendas de desarrollo competitivo.

*Columna de la Fundación Buen Gobierno. 

SAÚL PINEDA HOYOS* Director, Centro de Pensamiento en Estrategias, U. del Rosario

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