A todo el mundo le gusta comprar barato, sobre todo, cuando se trata de activos que hace apenas unos meses eran mucho más caros.
China no ocasionó la crisis económica como lo han insinuado algunos, pero la caída en los precios de commoditties y la pérdida de valor de muchas empresas por la recesión, le están dando al país asiático una oportunidad dorada para asegurarse el acceso a los recursos naturales y la tecnología externa que necesita para seguir creciendo.
La velocidad con que China está haciendo negocios, comprando participaciones e intercambiando créditos por suministros es tan vertiginosa, que resulta difícil seguirle la pista.
Si mis cuentas están bien hechas, en la última semana y media tres estatales chinas han ofrecido cerca de US$22 mil millones por participaciones en empresas mineras australianas, entre ellas, la muy endeudada Río Tinto.
En Rusia, dos importantes empresas, Rosneft y Transneft, acaban de aceptar préstamos por US$25 mil millones, con el compromiso de suministrarle a China 15 millones de toneladas de petróleo por año durante las próximas dos décadas.
Para no mencionar los acuerdos firmados por Brasil y Venezuela durante la visita del vicepresidente Xi Jinping, que le dan más acceso a China al petróleo de nuestros vecinos, a cambio de capital.
La estrategia de China de estimular a sus estatales para que inviertan en compañías extranjeras es antigua, pero el tsunami financiero de los últimos meses la ha acelerado.
Por ahora, los negocios han sido en minerales y energía, pero si la crisis se agrava y los activos se siguen abaratando, será el turno a la industria manufacturera.
Esta semana ha habido rumores de que los fabricantes de carros norteamericanos y europeos que están en problemas a pesar de la ayuda de sus gobiernos, podrían estar en la mira de sus competidores chinos.
Una cosa sí es cierta: la directiva de Beijing a sus empresas es aprovechar el momento para atraer los recursos, la tecnología y el talento clave que les permitan pasar a la siguiente fase de su desarrollo.
En un mundo con crédito caro y escaso, los dos billones de dólares de reservas chinas pueden ayudar a muchas compañías a evitar el naufragio, pero China tiene que cuidarse para no despertar la xenofobia que ha hecho fracasar otras negociaciones en el pasado.
En el 2005, la petrolera china Cnooc presentó una oferta por la norteamericana Unocal, que acabó retirando debido al rechazo enfrentado en el Congreso estadounidense.
Esta vez los políticos de la oposición y los sindicalistas en Australia, han empezado a exigirle a su gobierno que antes de aprobar la venta a Chinalco de una parte de Río Tinto, estudie las consecuencias de ceder sus recursos a una empresa extranjera.
No sé si la reacción sería la misma si la oferta proviniera de una 'empresa extranjera' cualquiera y no de una estatal financiada por el gobierno comunista, de un país cuya ascensión produce desconfianza.
Los editoriales de los periódicos oficiales dejan ver que China está molesta con la oposición que han despertado sus ofertas, porque le parece discriminatoria y políticamente motivada.
Nada de eso afectará su determinación de salir a comprar lo que necesita al precio que le conviene, pero será interesante ver cómo evitará el resentimiento de los que en estas circunstancias, se vean obligados a vender.
adrilarotta@yahoo.com
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