El tipo de liderazgo y el esquema gerencial que práctica el presidente Uribe, me temo que tiene mucho que ver con los inconvenientes que ha tenido que afrontar en los meses recientes:
la falta de respuestas a tiempo y eficaces a los problemas como las marchas, paros, y DMG. Desde punto de vista del liderazgo se podría afirmar que el Presidente desarrolla un liderazgo más carismático que transformador. Según Callan, el liderazgo carismático es aquel que contempla los siguientes rasgos: notable necesidad de poder, altos niveles de confianza en sí mismo y fuerte creencia en sus propias ideas. Mientras el liderazgo transformador es aquel que inspira también a los seguidores, pero delegando autoridad y entrenándolos, según Burns, el liderazgo transformador es un proceso donde líderes y seguidores se elevan entre sí a niveles superiores de moralidad y de motivación.
El liderazgo carismático que practica el Presidente, genera ciertos beneficios especialmente en el campo político, aquellos se logran por la aceptación de seguidores distantes que no tienen contacto frecuente y directo con él, como lo son la gran mayoría de colombianos, que lo premian con una percepción favorable por encima del 70%. Sin embargo, para los colaboradores cercanos, equipo de Gobierno y miembros del Poder Ejecutivo como alcaldes y gobernadores, los efectos son diferentes y no tan convenientes.
Dichos efectos también están asociados con la forma de gerenciar del Presidente.
Se afirma con frecuencia que al Presidente practica la microgerencia, entendida como aquella en donde la cabeza de la organización está pendiente de forma directa y personal de los detalles, procesos y soluciones. Este esquema tiene sus pros y contras. En primer término, permite conocer de primera mano los problemas y tratar de dar presumiblemente una solución rápida y eficaz a los mismos, como se aprecia en los consejos comunales; de igual manera, logra generar en los ciudadanos la percepción que existe una persona cercana que les puede solucionar todos los problemas. Sin embargo, también genera efectos contraproducentes en el ciudadano y en sus seguidores cercanos.
Por un lado, el ciudadano exige como su único interlocutor válido para dirimir disputas y conflictos al Presidente. Caso evidente son las mingas indígenas, en donde se exigió su presencia antes que la intervención de un ministro, gobernador o alcalde. Por otro lado, la intromisión del Presidente en todos los asuntos hace que los procesos y sus resultados sean muy ineficientes, pues es necesario contar con su visto bueno. Pero quizás el efecto más preocupante es aquel que se genera en sus colaboradores cercanos, en donde la crítica no es práctica frecuente, la iniciativa, la toma de riesgos y de decisiones no se llevan a cabo de forma expedita a falta del empoderamiento que el Presidente no otorga.
El señor Presidente se pregunta entonces: ¿por qué no respondimos a tiempo? ¿Quién tendrá la respuesta?
oap@adm.uniandes.edu.co
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