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Dos palabras

Publicado el 10-12-08

Me gusta mucho la palabra nación. Me gusta más que la palabra patria. La palabra patria es bonita pero me quedo con la palabra nación. Porque evoca. Evoca nacimientos y evoca mundos nuevos. La palabra patria, en cambio, habla del padre y evoca autoridad. Es más decimonónica. Los últimos votos de Bolívar fueron por la felicidad de la patria. No de la nación. No teníamos aún una nación constituida. Apenas una patria. El comienzo apenas. Apenas amanecía la patria en forma de nación. La palabra nación supone una construcción colectiva que no cesa, un proyecto inacabado por naturaleza. Lleno de contradicciones y de desencuentros. Pero al fin y al cabo un proyecto colectivo de individuos. A nadie, solo a manera de ejemplo, se le ocurriría cambiar la Organización de Naciones Unidas por la Organización de las Patrias Unidas. No suena lo mismo. Pero sobre todo no significa lo mismo. No se trata, por supuesto, de negar al padre, pero es más difícil crecer y parecerse a uno mismo, si uno no es capaz, como recomiendan algunos psicoanalistas, de darle cabal sepultura a su progenitor. Metafóricamente se entiende. La figura del padre supone protección y seguridad. La palabra nación, por su parte, supone respeto por la diferencia de sus nacionales. Por sus derechos.

Si miramos los parientes cercanos de cada una de las palabras nos pueden suceder cosas interesantes. Puede suceder como con algunos primos, que en nuestra infancia pertenecieron a las zonas más soleadas de nuestra alma, pero con el paso del tiempo nos fuimos separando hasta apenas saber algo el uno del otro. No por nada en especial. Pues bien, para el caso de las dos palabras de las que estoy hablando, creo que la palabra patria tiene una prima especial de la infancia que se llama independencia y que la vida se encargó de separarla poco a poco. Ya no se ven como antes aunque se reconocen y se quieren. Pero ya no se necesitan tanto. La palabra nación, en cambio, tiene un mellizo con el que cualquiera se confunde fácilmente. Es una también, una niña. Se llama república. Son inseparables. Pueden tomar caminos distintos, pero siempre se reúnen en un mismo lugar, el lugar de siempre, el lugar que entre los dos siguen buscando desde niños, que es al mismo tiempo uno y muchos.

Por eso es que cuando me hablan de la patria apenas me acuerdo de su prima. La recuerdo con cariño claro está. Pero es un recuerdo solamente. En cambio a la nación la sigo viendo todos los días. A la nación que es tanto como encontrarme con su mellizo la república.

Y para que todo esto se diera, para que todo fuera posible, había algo más sencillo y al mismo tiempo más profundo que existía miles de siglos antes de la patria y la nación, había una geografía de ríos arteriales y sabanas inmensas, de cordilleras de espesura antigua y belleza sin fondo, de colores inéditos y fragancias únicas, había un país, había un paisaje, había un aire sin respirar, había una esquina del mundo que ahora se llama la nación colombiana, la misma que merece un destino mejor en donde quepa todo el mundo. 

jcbayona@gimnasiomoderno.edu.c

JUAN CARLOS BAYONA VARGAS Rector Gimnasio moderno

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