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Pico y placa eficaz, pero ineficiente

Publicado el 17-11-08

La Alcaldía Distrital y autoridades nacionales de carreteras están pensando ampliar el pico y placa para los días sábados y colocarlo los días festivos en las entradas de Bogotá.

El pico y placa (restricción cuantitativa) reduce el número de vehículos que transitan por la ciudad, es una medida efectiva, pero, ¿qué tan eficiente es comparado con otras alternativas de solución al problema de la congestión vehicular en la actual coyuntura?
La congestión vehicular genera una externalidad negativa. Un carro adicional al ingresar a la vía afecta no solo los costos de su propietario, también, el de otros usuarios, aumentado los costos generalizados del viaje (mayor tiempo, combustible, desgaste, contaminación, etc.). Esto, hace que el costo privado del viaje para el dueño del auto sea menor que el costo para la sociedad. ¿Cómo resolver este problema económico? ¿Con restricciones cuantitativas?

¿No es absurdo que por la restricción vehicular (número de placa) no pueda ir al centro de la ciudad un bus con treinta pasajeros, pero que sí puedan ingresar treinta autos particulares con un ocupante cada uno? ¿No es absurdo que alguien que tenga un problema familiar (laboral o de salud) no pueda utilizar su auto en una vía descongestionada, sencillamente, porque ese día la placa del auto coincidía con la de la restricción?

El pico y placa genera problemas de asignación, inclusive incentiva a comprar más vehículos, pues existen familias que están dispuestas a tener autos con diferentes numeración de placas para poderlos utilizar indiscriminadamente. Adicionalmente, trae consigo, desigualdades sociales entre barrios pobres y pudientes.
¿Será que el objetivo final de la autoridad -en la coyuntura actual- sea movilizarnos en bicicletas, a pie, o en vehículos de tracción animal? Es importante entender, que vivir, estudiar o trabajar en ciertas localidades es costoso.

Los precios (peajes) diferenciados por horas como señales para racionalizar los viajes y la congestión de las carreteras son una solución alternativa, proporcionan dos funciones principales: transmiten información sobre cuán escaso es el espacio de vías (congestión en las horas del día), un precio más alto nos dice que los niveles de congestión son altos y viceversa; y bien diseñados reflejan los costos sociales de la congestión y la disponibilidad a pagar que se tenga por el bien.

El mecanismo de precios diferenciado es justo y eficiente -inclusive, genera recursos para ampliar vías-, desgraciadamente, solo se ha utilizado para financiar la inversión y mantenimiento de vías, no para la racionalización de la escasez relativa de éstas -su función principal-. Los precios incentivan a utilizar más o menos las vías de la misma manera que motivan a comprar más o menos camisas. Lo que se requiere es explicar bien las cosas, voluntad política y no susto político.

*Columna de la Fundación Buen Gobierno. 

Raúl Castro R.* Profesor de Economía, U. de los Andes

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