La crisis financiera internacional nos afecta en varios frentes. En forma directa, porque la desaceleración de la economía mundial disminuye la demanda por energéticos y productos básicos que representan el 75% de nuestras exportaciones. Se espera que el grueso de estos productos baje de precio en los mercados internacionales. Así mismo, la caída en la actividad económica de los E.U. debe reducir el valor de las remesas que envían los colombianos en el exterior y por ende la capacidad de compra de sus beneficiarios.
Lo anterior tiene como consecuencia una disminución en el valor de los reintegros por concepto de las exportaciones de bienes y servicios y un deterioro de la balanza de pagos. Por otra parte, las utilidades de Ecopetrol deben disminuir en el 2009, lo mismo que las regalías de las exportaciones de carbón y ferroníquel lo cual afectará los ingresos fiscales de la nación.
Se teme que la crisis financiera internacional lleve a una sensible reducción de la disponibilidad de crédito a nivel internacional. Esto puede afectar los niveles proyectados de inversión extranjera directa que se esperaba llegaran a superar los US$10.000 millones en el 2008, afectando la financiación del déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos. Adicionalmente, el acceso de las empresas colombianas con deudas en el exterior y el financiamiento externo a la banca nacional por parte de sus corresponsales se verá reducido, afectando el cronograma de los planes de inversión de las empresas locales y las fuentes de financiamiento internas.
¿Qué tan graves son estos impactos para la estabilidad económica del país? En materia cambiaria, afortunadamente tenemos un buen monto de reservas internacionales, buen acceso al crédito multilateral, y con una tasa de cambio flexible, por lo que la situación será bastante manejable. Preocupa más el posible impacto fiscal, por lo cual más que nunca se requiere de una política fiscal austera, evitando realizar expansión de gastos discrecionales. Sugiero que se evalué la conveniencia de los planes de aumentar abruptamente la cobertura del Programa de Familias en Acción y el Régimen Subsidiado de Salud en el 2009, y el monto de los subsidios al crédito agropecuario, focalizándolo en los productores pequeños. Se debe evitar la tentación de recortar la inversión en infraestructura, pues de allí dependerá la capacidad de fortalecer el mercado interno y la competitividad de las exportaciones, claves para mantener el nivel de empleo.
No obstante, donde mayor preocupación surge es en evitar una contracción abrupta en el corto plazo del crédito bancario. Como lo explicó el Ministro de Hacienda, el sector financiero colombiano es sólido y no existen riesgos de solvencia en las instituciones del sector. No obstante, por el efecto rebaño que genera el pánico financiero internacional, puede llevar a nuestro sistema financiero a adoptar políticas extremadamente cautelosas que lleven a contraer la disponibilidad de crédito al sector productivo o a encarecerlo innecesariamente. Por ello, se podría inducir a la banca a prestar más recursos permitiéndoles sustituir el encaje marginal con aumentos en su cartera corriente. No sugiero simplemente la eliminación del encaje marginal, pues la tentación sería a invertir estos recursos en TES o incluso títulos del Tesoro americano, y entonces los recursos no se irrigarían en el mercado.
Una alternativa complementaria sería reducir en un tercio la retención en la fuente de las empresas. Es en ese monto que tradicionalmente la retención excede los niveles efectivos de pago de impuestos. Dicha reducción permitiría a las empresas disponer de importantes montos adicionales de capital de trabajo, aliviándoles en parte la menor oferta de crédito y facilitando que se cumplan los planes de inversión.
Ahora bien, es importante mantener la confianza del público para lo cual también será necesario mantener un ritmo de reformas que faciliten ganancias permanentes en competitividad y productividad.
Una política de competitividad focalizada en áreas como la de infraestructura vial y la regulación tributaria y de fomento a la formalidad será crucial para dar estas señales.
hgomez@compite.ws
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